Hace ya mucho tiempo que dejé de
creer en demasiadas cosas. Lo de creer en dios es una batalla perdida, por lo
que ni me esfuerzo en fingir siquiera. Pero no es el tema. Hoy no.
¿Habéis oído hablar del karma? Dicen
que el karma es esa cosa que cuando haces cosas buenas te recompensa con más
cosas buenas y cuando haces cosas malas te acaba castigando. Más allá de lo
simplista de su planteamiento pseudocientífico y vagamente religioso, ya os voy
adelantando, sorpresa, que es mentira. El karma es lo que utilizan, con otras
palabras, las personas religiosas para hacer buenos actos; esperan que si se
portan bien en esta vida cuando diñen irán al cielo. Encima de cobardes, hipócritas.
Y lo incumplen a cada paso que dan, por cierto.
Dentro de mis millones de
imperfecciones, siempre he intentado ser buena persona. Está claro que más que
bueno he sido muchas veces tonto, y por eso me han llovido tantas bofetadas,
casi ninguna física, en mi vida. Pero bueno, la mayoría, y yo me incluyo, vamos
aprendiendo de eso. Intento ser buena persona, y no busco ganarme el cielo, y
desde luego que hace ya mucho tiempo que no espero que por ser bueno la vida me
vaya a tratar mejor. Es más, la vida te demuestra que existen muchos hijos de
puta aprovechados que tienen un radar para detectar buenas personas e intentar
tocarles los cojones a cada momento. Lo primero que tienes que aprender es que
una cosa es ser bueno y otra muy diferente es ser gilipollas. O pagafantas, ya
puestos. Así que la vida te enseña que no hay que ser demasiado bueno. Y no
está de más recordar que estamos en un mundo en el que se premia la maldad y se
castiga la bondad. Y estamos en un mundo en el que el más golfo o la más puta
son los que tienen éxito en la vida, mientras que los trabajadores y las
luchadoras se quedan atrás y tienen que aprender a luchar con los primeros en
inferioridad, ya que pelear con un estúpido es una derrota segura, porque siempre
tendrás que bajar a su nivel y allí te vencerá.
Y pienso en la buena gente a la
que le ocurren desgracias y en los desgraciados que copan el mundo y siempre
tienen suerte. En este mundo no se recompensa la bondad ni la ayuda, y desde
luego, no es recompensado por las personas, y mucho menos por el tiempo.
Pienso en la mayor desgracia que
puede sufrir una persona, perder a tu hijo de forma cruel e inmerecida. Pienso
en Paula, que con solo quince años sufrió un accidente de tráfico hace ya casi
dos años que le costó la vida a ella y a otras cinco personas. Y vuelvo a ver a
su padre, y a su madre, y sus ojos tristes y el vacío existencial que sufren
desde aquél día. Da igual que ese hombre vuelva a sonreír, su mirada siempre
estará triste. Dos personas honestas y trabajadoras, generosas y cuya niña,
joven y cariñosa hasta más no poder, todo lo contrario a los idiotas
adolescentes de hoy en día, perdieron a lo que más querían y ya no se van a
poder recuperar. Y pienso en otro buen hombre, honesto, trabajador, con una
maravillosa esposa y un hijo educado en valores que no se ven en las casas. Un
puto cáncer de huesos le ha comido el coxis en dos meses sin darse cuenta de ello,
y pocos especialistas se atreven a operarle.
Y luego pienso en los de siempre.
Pienso en los gilipollas, que se te meten en casa y no descansan en ningún
momento, y quieres abofetear hasta que se te desgasten las manos pero no puedes
porque eso es delito. Y también pienso en esos hijos de puta borrachos que
todavía no hemos tenido la suerte de ver morir. Ese que me ha amenazado de
muerte una vez que estaba tras la barra y que vive de subvenciones estatales y
menudear costo en los cuartos de baño de algunos bares, y que ha estado en la
cárcel un par de veces. Alguna vez se lanzó sobre un coche, buscando una
denuncia fácil para que algún seguro le financiara el alcohol y la dosis durante
unos meses. Y no mueres, y cuando estás jodido vas a urgencias y te atienden
antes que a la gente que se lo merece. Y ni sufres ni padeces. Cómo voy a creer
en nada si tú no has dado un palo al agua en toda tu puta vida y sigues vivo.
Creer que por ser bueno te van a
pasar cosas buenas está bien si tienes quince años y no te haces pajas, pero
las personas que nos remangamos la camisa y curramos sabemos perfectamente que
la vida te exige cada vez más, y por eso tienes que currártelo todos los días.
No esperes que el trabajo de tus sueños venga a ti, ni que la mujer de tus
sueños te pida sexo solo porque hayas ayudado a tu madre a pasar el aspirador. No
esperes una alfombra roja en tu vida, por muy listo o guapo que te creas. No te
creas que porque hayas tenido un golpe de suerte en un momento de tu vida todo
te vaya a salir bien. No esperes sentado otro golpe de suerte, porque desde
luego no va a llegar si no te lo curras como si fuera lo último que fueras a
hacer en tu vida.
A veces pienso que me he
convertido en un misántropo. Pero luego salgo del bar y se me pasa. O casi.