6 de noviembre de 2019

The End

Para empezar, diré que es un final. 
No es un final feliz, tan solo es un final.

La caja quedará en mi sótano, junto a los libros que nunca fui capaz de leer, los secretos que nunca confesaré y, sobre todo, los deseos que alguna vez tuve y nunca serán cumplidos.

La vida sigue.
DRB

11 de junio de 2019

domingo, 3.30 horas


Dijiste cuatro tatuajes, y me has dicho tres, ella señala el pecho con su mano izquierda, Aquí tengo una rosa roja, En el pecho, Exactamente sobre la teta izquierda, mira el gesto y asiente, Y qué significan tus tatuajes, El dragón no tiene un significado especial, Un dragón es siempre un dragón, Puede que no sea un animal real, pero tener un dragón que te proteja nunca es un problema, Y el ankh es la vida, El ankh es sobrevivir, sin más, es un recuerdo de todas aquellas veces que tan mal lo pasé, Y la rosa, La rosa, empieza ella, guardando silencio, dejando la respuesta a medias y esquivando su mirada, Algún día me lo contarás, Quizá, y a lo mejor algún día podrás verla, Y tocarla, Y pincharte con todas sus espinas, porque nadie se acuerda que las rosas pinchan, Y hacen daño, mucho más de lo que crees.

Llegan a un portal, Vivo aquí, Muy bien, se mueve, hace ademán de irse, Me lo he pasado bien, ha sido raro pero divertido, nos hemos contado muchas cosas, ella asiente, Al final en la vida estamos más relacionados con la gente de lo que parece, Ya, puede ser; Escucha, cuando él ya se ha dado la vuelta se para en seco y se gira otra vez, Sí, Solo una cosa, se acerca a él, Te mentí, se miran a los ojos. Le besa. Él cierra los ojos.

(VII.1)

6 de mayo de 2019

N.

antes de dormir veo tu rostro inerte en aquél ataúd, todas las noches. Todas y cada una de ellas.
Catorce de abril, ya siempre será el día que te fuiste. La vida no nos prepara para la muerte. Los recuerdos se agolpan, y no entiendo que un hombre sano haya muerto a los sesenta años. No entiendo nada. Y no acabo de aceptarlo. Y no quiero acabar de aceptarlo.
Vendería mi patria a cambio que estuvieses en este mundo. Vendería a mi dios si lo tuviera, y al tuyo, y al de todos si hiciera falta, a cambio que tú pudieras jubilarte, vender tu casa e irte a plantar rosas y tomates al pueblo. Donde ya nadie tiene ganas de volver.
Necesito a alguien con quien llorar. Que me demuestre que todo esto no es una mierda.
Que la muerte significa algo, que quiere decir algo, que hay un plan o algo así. Porque no es justo. No es justo. Tantos hijos de puta haciendo daño, y tú muerto, dando un puto paseo el domingo por la mañana. Y haciéndote una autopsia, como si fuese cualquiera
Lloré cuando llegué a meta, y te la dediqué. Veintiún quilómetros. Para ti. Me cago en la puta. En dios y en la puta virgen. Me cago en todo.
No quiero ver esa carpeta en mi escritorio llena de tus cosas, tus contratos, tus escrituras. No debería tener tus cosas. Pero las tengo. Porque tú no vas a poder disfrutarlas.
Y ganas de llorar. Solo tengo ganas de llorar.

24 de enero de 2019

Libres


(capítulo 9)

La camarera, vestigio de una época en la que los oriundos creían que cualquier trabajo era honrado y no habían delegado cientos de miles de puestos de trabajo a camaradas de orígenes muchas veces exóticos que aceptaban con humildad servir a aquellos que no lo quisieron por considerarlo indigno y que ahora se quejaban de no tener trabajo Y Que Los Extranjeros Nos Quitan El Trabajo, escucha con gesto divertido aquellas diatribas inocuas de sus viejos conocidos y quizá alguno ya amigo; desvarío del que todos los viernes escucha a granel, desahogos tras una semana rodeados de dios sabe quién, pecados veniales tras las barras con secretos de confesión tácitos sin necesidad de más penitencia que volver a la sagrada comunión del rincón oscuro que tanto les pertenece; comentarios excesivos y de mal gusto, que tras la barra no son sino secretos que pronto se olvidarán pero que en el canal inadecuado, un chiste sobre astronautas españoles de los años setenta se convierte en delito peor que el odio de aquellos que dicen poseer la verdad.

Sus armas se repliegan lentamente y sus lenguas se calientan sin temor, y el idealismo deja pasar a la decepción por un mundo crédulo y sin alma que se cree lo primero que pasa por delante; un mundo de seres que a base de insultos barrocos y odio concentrado ante cualquiera que ose salirse de su vacua verdad gobiernan a masas de seres que se consideran libres tras comulgar sin rubor con catecismos de popes de bolsillos excesivamente grandes y conciencias extremadamente vacías; lugares en los que nadie duda y el vocabulario se modifica a voluntad de oradores que levantan el brazo derecho una vez más, aunque esta vez a media altura, al menos hasta que pasen las elecciones, y mil noticias alarmantes se repiten y nadie que levante el brazo dice nada, porque todos son libres, que lo ha dicho ese hombre tan apuesto y peripuesto cuyo hedor a odio endurece las pollas y moja las bragas de quien no necesita pensar porque es libre.