20 de septiembre de 2022

Despierta


 Quizá sea el momento de dejar de soñar.

14 de septiembre de 2022

Política de Cookies (aka Ensoñaciones)

Como tantos días, quedáis a tomar café. Rara es la semana que no os juntais a las diez de la mañana al menos un día y compartís desayuno. Ahora que hace bueno soléis salir a un bar a tomar un pincho de tortilla, pero hoy estáis liados y compartís una bolsa de galletas que él siempre lleva consigo en el vending grande de la planta baja. Decís que estáis liados, pero como de costumbre, se alarga más de media hora. 

La conversación es la de siempre: crítica a los jefes y sus interminables payasadas, canciones, el concierto de la próxima semana (en este caso, de esta misma) y la organización del viaje, esta vez toca ir en coche. Lleváis desde julio sin comprar entradas para nada, pero tenéis el ojo echado a varios conciertos, se acabó la locura y comenzó el reposo.

Y de repente comenzáis a soñar.

Últimamente os pasa a veces. Soñais que os toca una cantidad indecente de dinero en el Euromillones, dejáis el trabajo, y montáis una sala de conciertos en Burgos, pequeña, no demasiado grande, para que tu ciudad se convierta en el lugar donde ver a todos esos pequeños grupos que solo conocéis vosotros: Effe, Smoking Souls, Tregua, Corazones Eléctricos, etc. Ella decide que entrada con cerveza cinco pavos, él piensa dónde poner el negocio. Habláis de las movidas entre garitos jevis de Burgos, pero os da igual. Desde luego, si algo tenéis claro es que solo montaríais un bar porque no os hace falta el dinero. Pero antes os iríais quince días a Tenerife, porque las prioridades deben estar claras.

Hay que volver a trabajar. Ella se lleva las galletas sobrantes, dos besos, y al curro. Él se olvida de aquella ensoñación, no cree en loterías, pero no le importaría, aunque sepa que nunca pasará. Nadie sabe si ella lo seguirá pensando más allá de delirios de cafeinómanos, aunque seguro que le pasará como a él. Los sueños son hermosos, pero sueños son.

Por cierto, el nombre que él puso a aquellos desayunos lo seguís utilizando, cada vez que quedáis y os mandáis convocatoria, porque ante todo sois muy profesionales y bastante cuadriculados. Él estaba estudiando todavía protección de datos, ella estaba en su peor momento, y bajasteis un día a ese vending, y hablando de protección de datos, él dijo que era Política de Cookies. Ella se rió, porque la verdad, no fue mal chiste, y así se quedó.

7 de septiembre de 2022

el abrazo

Después de comer, la he acompañado a su edificio y hemos charlado un poco, poco relevante. Le he dicho que la veía muy bien y nos hemos reído un poco de alguna tontería, nada que señalar. 

Siempre nos despedimos, cuando estamos los dos solos, con dos besos. Cuando iba a dárselos, me ha abrazado y me ha dicho al oído "te quiero mucho, David". Y me ha dejado descolocado. Luego nos hemos dado los dos besos de rigor y nos hemos despedido.

Lleva un par de días algo floja emocionalmente, lleva consigo más responsabilidades de las que debiera por su situación familiar, y yo escucho e intento ayudar, siempre se me ha dado mejor ayudar a los demás que a mí mismo. La he animado e intentado darle otra visión, los amigos están para esto, supongo. Además, dentro de poco es "El Concierto", y anda inquieta y nerviosa, y con no pocas ganas de vivirlo, al igual que nosotros.

Evidentemente, este gesto no significa, o no tiene por qué significar nada. Pero no evita que me sienta descolocado. Por lo que me ha dicho, pero sobre todo por el momento, y por el lugar. 

Escribo esto porque quiero leer esto, dentro de uno, o de dos años, y recordar con nostalgia cuando una chica me abrazó y me susurró en el oído que me quería. Y recordar que algo bueno hice. 

30 de agosto de 2022

El Moreno


Recuerda al Moreno, todos fueron juntos al colegio, y la vida llevó a cada uno por su camino. Y los recuerdos asociados a ese apellido son claros, y no precisamente agradables. El cabecilla de la clase ce del colegio, el líder natural de muchos que dirigía con puño de hierro a toda aquella recua de cobardes, alguno de ellos tomando ahora mismo cervezas, decidiendo quién estaba dentro y quién fuera, creando normas invisibles que se perpetuaron y, aunque eso lo supo más adelante, acosando a las chicas cuando iban a casa después del instituto hasta que los profesores se quedaron sin excusas para mirar hacia otro lado y terminaron expulsándole. 

17 de agosto de 2022

Abandonado


Hoy hace diez años que te fuiste, y he vuelto, como cada año, a verte.

La lápida está sucia y las letras, una vez brillantes, se hunden poco a poco en el óxido provocado por la humedad y el abandono. Una punzada en mi alma al comprobar que nadie viene a verte ya, que el centro de flores está vacío, que las mierdas de pájaro y las hojas del árbol se acumulan y apenas puedo limpiarlas.

Limpio la lápida y froto las letras, intentando que tu nombre brille como siempre lo hizo, y ato a la cruz metálica que atraviesa el mármol una rosa roja, tu flor preferida, las que siempre te regalé y tú cuidabas durante semanas.

Después de más de veinte minutos y de ir al coche a por alcohol, logro hacer desaparecer el óxido al fin. Leo tu nombre, y no puedo evitar llorar.

Me he dado cuenta que nunca te he hablado de lo que he hecho estos años. Cuando llegué aquí guardé la alianza en el bolsillo de mi pantalón. Suena estúpido, pero me sentí como un traidor cuando entré aquí y vine a verte, con pareja, casado hace poco. Ella es una chica fantástica, la conocí un par de años después que te fueses, y hace unos meses nos casamos. Se acaba de quedar embarazada.

Nunca le he hablado de ti, la verdad. Y no sé por qué, no llego a entender por qué a ninguna de las personas que han pasado por mi vida desde esos momentos les he hablado de ti.

4 de agosto de 2022

cansado

Estoy cansado. Muy cansado. 

Quizá solo sea el calor. O que necesito vacaciones. No lo sé.

Pero estoy cansado.

11 de julio de 2022

un día triste

Es inevitable, edtoy convirtiendo poco a poco esto en mi diario particular. Sorry not Sorry, supongo.

Hoy estoy triste. Mi hermano, una persona trabajadora y generosa, lleva dos años con problemas musculares serios derivados de la inactividad del confinamiento. Tras tanto tiempo, le ofrecieron trabajar una semana vía ETT en una fábrica (con una carga física media, no demasiado fuerte). Él aceptó, se vio con fuerza de intentarlo.

Puede que sea una mala gestión de expectativas por nuestra parte, o simplemente las ganas que mi hermano volviese poco a poco a la normalidad. Pero no ha aguantado ni una mañana. 

Está claro que habrá más oportunidades, pero mi hermano ahora está mal. Está dolorido, en cuerpo y mente, por no haber superado esta prueba. Habrá más pruebas, y posiblemente alguna la acabará superando, esto no es más que un tropezón en el camino (es curioso como las dos únicas personas que lo sabían, R., y P., me han dicho exactamente lo mismo, con parecidas palabras). 

Pero eso no quita que me encuentre jododo, porque son dos años, dos malditos años seguidos así. Y sigue sin ser suficiente. Y me duele, verle así, cómo la vida que se merece tener no acaba de llegar, cómo se consumen sus mejores años y cómo se retrasa, otro poquito, un plan vital que se merece.

Sé que mañana estaré mejor, pero también sé que hoy solo tengo ganas de llorar por mi hermano. Por su mala suerte. Por ver cómo no termina de ver arrancar su vida, que se frenó en seco por el maldito virus y que no ha vuelto a salir adelante. 

Ojalá encuentre la forma de salir adelante. La encontraremos. Aunque en días como hoy es difícil de ver nada mínimamente positivo. 

En fin.

25 de junio de 2022

Cofiño, 25 de junio

Un vestido blanco que ilumina y da luz a las nubes de un día entre las montañas. Un discurso que habla de amor, de amistad, de compromiso, de lo que de verdad importa. Abrazar a los que están y recordar a los que nos miran desde el cielo. Aplausos y lágrimas. Palabras que siempre quedarán entre los posos de tu cuerpo y a las que acudirás en los buenos, y también en los malos momentos.

Sonreír con tu familia, con tus amigos, con los que son los tuyos, tu clan, la sangre con la que has nacido, y también con la que has escogido. Disfrutar del día mas importante con todos ellos, con todas ellas, con quien has compartido tu vida, y con la que sabes que seguirás compartiéndola.

Toda la felicidad del mundo. ❤️

Capa y Tridente

Una de las Aprendices, la más novata, corría sin control, rumbo a su Maestra, que terminaba de colocarse la máscara que ocultaba su humanidad a favor del rango como Amazona. 

Ahora, en mitad de una Guerra, es cuando al fin entendía la gravedad de su cargo: ella solo quería aprender de los dragones, cuidarles, que fuesen sus aliados; pero sin quererlo, no solo se convirtió en la Maestra más joven que nadie recordaba, el puesto provocó que comenzase a compartir mesa, y dignidad, con el resto de Maestras, donde su voz era respetada por la Junta. Allí discutía el Gobierno y la Guerra, y sus recientes alianzas y la idoneidad de las mismas, junto a la Gobernadora Civil, la Maestra de Farmacia, la Suma Sacerdotisa, la Maestra de Armas y la Custodia de la Hacienda. Y con menos de treinta años, regía el destino de su clan junto a otras cinco Amazonas que al menos le duplicaban la edad.

La Aprendiz llegó a su vera, sin resuello, sujetándose la máscara negra para evitar que se cayese. Comenzó a hablar atropelladamente, todavía sin recuperar el aliento. 

 

-        Maestra, uno de los dragones… está herido y no podemos controlar su ira… ha herido a dos aprendices.

-        Qué clase de herida tiene, dime.

-        Un lanceo en la barriga, no nos deja acercarnos. No para de echar fuego y está intentando escapar volando.

-        Es la más joven de las dos, imagino.

 

Un asentimiento mudo de la joven, al que siguió otro de la Maestra, éste con gesto grave. Esas heridas podrían ser peligrosas, pensó, no solo para la bestia, que podría tardar años en recuperarse y perder la escasa fertilidad de la que era dueña; sobre todo para ellas mismas, un animal descontrolado podría acabar con cientos de personas en cuestión de minutos, ya que una bestia herida no distinguía entre amigos y enemigos. Se subió al caballo y tendió la mano a la Aprendiz.

 

-        Sube, tenemos que llegar lo antes posible y todas las manos disponibles son pocas.

 

La chiquilla asintió, algo cohibida. Se acomodó delante de la Maestra, que espoleó al caballo y comenzó a galopar.

 

A los pocos minutos llegaron a su destino. Una de las dragones dormía plácidamente, pero la otra rugía y lanzaba fuego a todas direcciones, tirando de la gruesa cadena que le ataba al suelo con violencia, manteniendo a varios metros de distancia a una docena de Aprendices y a las dos Tenientes que no sabían cómo reducirla y menos aún tranquilizarla. Algo más lejos, observaban la escena, intranquilos y con las armas a mano, tanto soldados como guerreras amazonas.

 

La Maestra bajó a la niña, y luego bajó ella. Le dio las riendas del caballo y se acercó a una de las Tenientes, que enarbolaba un tridente de colores plateados a varios metros del animal; su cuerpo tembloroso, y su máscara, nacarada, con signos de quemaduras recientes, le dan una bienvenida nada protocolaria, ya que apenas es capaz de separar sus ojos de los rugidos del animal, que no dejaba de tirar, haciendo temblar el poste donde se sostenía la cadena que evitaba quedar libre.

 

-        Cómo están las Aprendices heridas, Teniente. 

-        Maestra, gracias al cielo que está aquí. Las dos Aprendices están en reposo, tienen quemaduras leves y algún corte, aparentemente nada grave, les han aplicado ya remedios y con reposo estarán en unos días bien.

 

La Maestra asintió, y sin mediar palabra, cogió el tridente de la Teniente, le hizo un gesto con una mano y sacó un guante de piel de dragón de su morral, que se puso en la mano izquierda. Ocultó parte de su cuerpo tras la capa con el brazo derecho y se acercó, cautelosa, hacia la bestia, apuntando hacia ella con el tridente fuertemente asido en su mano izquierda. 

 

Caminaba con pasos cuidadosos pero firmes, haciendo una especie de círculo rodeando al dragón y evitando contacto visual con el mismo. El animal comenzó a golpear el suelo con la cola, levantando un pesado polvo marrón que entorpecía la visión. Ella se protegió con su capa y siguió caminando, virando el rumbo ligeramente y entrando en la nube de polvo, intentando encontrar cierta ventaja en la niebla. 

 

Tras unos instantes en únicamente podía verse la oscuridad provocada por el polvo de niebla, se escuchó un golpe y un nuevo rugido del dragón. Nadie podía ver qué estaba pasando exactamente, pero en ese momento el dragón había caído al suelo de lado, fruto de un golpe seco en una de sus patas traseras, y al intentar recuperar el equilibrio, la Maestra había atrapado su pata delantera con el suelo utilizando el tridente, impidiendo así que pudiese recuperar el equilibrio. 

 

Sabía que tenía poco tiempo, dejó de protegerse con la capa, rodeó al animal y llegó a su barriga, donde una punta metálica sobresalía, generando una pequeña herida que no dejaba de manar sangre. Sin pensarlo, apoyó su mano izquierda sobre el lomo del dragón, y con la derecha agarró la lanza y la quitó de un tirón, provocando un temblor del animal y un nuevo rugido de dolor. Tiró a lo lejos la lanza, y metió la mano en el morral, de donde sacó un frasco negruzco que abrió con los dientes y vació sobre una herida que no dejaba de sangrar. Acto seguido, comenzó a correr, apartándose del animal todo lo que pudo hasta que se libró del tridente, recibiendo los vestigios de un coletazo en su pierna derecha, que le hizo trastabillar, pero logrando apartarse sin caer.  

 

El polvo comenzó a levantarse, ya que la bestia comenzó a moverse más lentamente, dejando de golpear el suelo y de intentar volar. Las llamas también cesaron al poco, y rápidamente las Aprendices pudieron acercarse cautelosamente.

 

La Maestra descubrió a sus pies el pico de lanza que acababa de sacar de la barriga, lo cogió y, caminando con una leve cojera, salió de la zona de control que las Tenientes habían establecido a sus órdenes y se acercó a una Teniente que esperaba en la reserva, a la que dio el pedazo de metal.

 

-        Maestra, ¿se encuentra bien?

-        Un poco golpeada, Teniente, pero creo que sobreviviré. Tome, aquí tiene el arma que hirió al dragón. 

-        ¿Qué le ha hecho?

 

La Maestra asintió con la cabeza.

 

-        Aprovechar su ira en mi propio beneficio. Con la polvareda no veía nada, así que le tiré al suelo y le inmovilicé con el tridente. Le quité el pincho que le provocaba tanto dolor y le eché sanguijuelas negras, para que se comieran la infección, y de paso meter en su torrente sanguíneo la saliva antiséptica necesaria para adormecerla. Por favor, acercad mi caballo, necesito descansar.

 

Una Aprendiz trajo el caballo. Ella se montó ágilmente y comenzó a trotar, rumbo a los pabellones de los oficiales.

 

23 de junio de 2022

Uoho

No hacen falta más que cuatro acordes lanzados por un virtuoso con ganas de demostrar de lo que es capaz para ser feliz. Y dos calimotxos para brindar por ello. Y cantar y chillar y levantar los cuernos y dejarte caer en un inesperado pogo con otros veinte tan zumbados y felices como tú. 

Porque no todo es Salir, beber, ni el rollo de siempre. Por fortuna. 

18 de junio de 2022

Confesiones (2)

Invocar el derecho a ser tú mismo. Y a no pensar todo lo que se debiera a la hora de buscar nuevos momentos. En ocasiones, no obstante, tengo la impresión que intento buscar más de lo necesario, con el fin de reafirmarme en que todo esto es real. Necesito seguir trabajando en mí mismo, en entender que todo lo que me está pasando lo he conseguido por mí mismo. Y entender que a veces, no obstante, hay que pensar un poquito. Pero solo lo justo y necesario.

Esta humilde bitácora nunca tuvo como objetivo ser un diario (o unas memorias, según quien lo interprete), pero es innegable que no solo se compone de relatos de ficción, por lo que muchos de mis futuros momentos es posible que acaben aquí, siempre que les considere dignos de ser recordados.

Hace unos días me ascendieron, tres años después de la última vez. Hay gente que se alegró mucho, y gente que consideraba mi amiga que ni me miró a la cara. Que cada uno utilice su estrategia.

Una de las cosas más importantes que quiero aprender este año es a trabajar para vivir, y no lo contrario, que es algo que, en parte por la puta pandemia y en parte por cómo he llevado mi vida, he hecho durante demasiados demasiados años. Estoy empezando a dar este paso, y el miedo a que ese asidero al que me estoy agarrando para aprender a cambiar mi forma de ver la vida, desaparezca, y me haga recaer, es lo que más tengo que trabajar. Porque ese asidero no va a desaparecer. Y con esto vuelvo al primer párrafo.

El calor lleva ocho o nueve días sin dar cuartel. Pero mañana ya parece que va mejorar. Aunque tiene pinta que va a hacer demasiado calor este verano. Bendito cambio climático. 

Estoy paseando por el Espolón, y me hace gracia cómo las señoras sentadas en la terraza de alguno de los bares, orientan las sillas para ver a la gente pasar y cotillear.

En cuatro días tengo un concierto en Madrid, en una semana tengo una boda (la segunda de cuatro, o de las tres a las que voy a ir), en dos una despedida, en tres un festival (sic) gratuito de Jevi Pesado, en cuatro voy a celebrar ascensos a Alcalá de Henares. Y quizá entre medias alguna noche un concierto de esos baratos en alguna sala.

Quiero retomar la escritura, necesito saber qué le va a pasar a Emma. Curioso, no? Yo soy el creador y soy el primero que quiere saber qué le va a ocurrir. 

Me vendrá bien higienizar un poco la mente. Y también el cuerpo, para qué negarlo.

En una semana se casa Sirgo, pero lo único que quiero hacer la semana que viene es ver a Uoho. Cómo cambian las cosas en tan poco tiempo. 

11 de junio de 2022

La Maestra de Dragones

 

(Editado el 18/06/22 corrigiendo algunos errores de redacción)


La Maestra de Dragones observa la partida de su compañero. Se ajusta la máscara con suavidad, al ritmo de los pasos del Hombre Sabio sobre la tierra seca. Al quedarse sola se baja de su corcel, agarrando las riendas y caminando, cerca de la Puerta del Alma, de vuelta al campamento base. El silencio es dueño de la noche, y únicamente las pisadas y el suave relinchar de la bestia rompen levemente con la quietud nocturna.

Tras varios minutos se detiene, todavía lejos del campamento. Deja caer las riendas y se lleva las manos a la cara. A continuación, la máscara blanca y dorada, propia de su rango, cae también al suelo, aterrizando con un ruido seco. Sabe perfectamente que las Maestras, como una de las obligaciones fruto de su estatus, tienen la prohibición de quitarse su máscara en público, pero a ella, tras tantos años, tantas batallas, tantas muertes de amigos y aliados, ya le da igual, no es lícito recibir castigo una vez alcanzado el rango de Maestra. Nota cómo una brisa fresca le golpea en la cara y le hace cerrar los ojos. Se pasa las manos por la cara, mira a su animal, que rebusca por el suelo pedregoso alguna brizna de hierba que llevarse al hocico.

La recoge del suelo, jugueteando con ella. Es de un material que solo conocen las Amazonas, fino y flexible, resistente no solo a flechas y espadas, también a las llamas verdosas y azuladas de los dragones. La suya, además, es recorrida por dos franjas doradas, lideresa de aquellas que dedican, y se juegan la vida, intentando comprender y aliar a aquellas fieras prácticamente inmortales.

 

Recuerda cuando le otorgaron el honor de ser Aprendiz de Dragones, tantos años pasados desde que le impusieron su primera máscara, de color negro azabache sin ningún adorno. Era un puesto duro y peligroso, quizá el más peligroso dentro de todos los aprendices, tanto es así que muchas morían, y era el único donde permitían renunciar a aquellas que no fuesen capaces de soportar el miedo de tener que alimentar o curar las heridas de alguno de los dragones.

Pero ella nunca tuvo miedo. El primer día que le pusieron frente a un dragón, una anciana que se creía de más de cuatro siglos de vida, que apenas era capaz de ponerse en pie; no obstante, su Maestra le advirtió que una bestia anciana era más peligrosa que cualquier animal joven, y que sus latigazos y el fuego que podía desprender en caso de sentirse en peligro sería imprevisto y salvaje, mucho más que el de cualquier bestia más joven y ágil que pudiera defenderse, volar, o huir.

Ella se acercó al dragón, lentamente, de forma cautelosa, sabiéndose observada por los enormes ojos rojos. La emoción de aquella noche recorre su sistema nervioso una vez más, sobre todo al rememorar cómo, desde un primer momento, el animal la aceptó a su lado y no la intentó agredir cuando le acercaba la comida. Su Maestra, que le enseñó todo lo que sabía de estas bestias, nunca entendió cómo podía acercarse a ellos sin recibir daño o cómo podía tocarles el hocico desde el primer día.

Recuerda todas aquellas noches que se quitaba la máscara y miraba frente a frente al animal, que le devolvía la mirada con curiosidad; cómo se quedaba dormida ante la hoguera y por la mañana la encontraban, sin la máscara, y la castigaban una y otra vez. Recuerda cuando falleció la anciana dragona y cómo no pudo dejar de llorar durante semanas.

 

Escucha unos pasos y se rompen sus ensoñaciones. Se seca las lágrimas derramadas en homenaje a aquella anciana dragona que fue su compañera durante sus primeros años de aprendizaje, y se coloca la máscara.

6 de junio de 2022

Confesiones (1)

Fue un finde curioso. Pero muy bonito.

La primera de mi racha de bodas (cuatro, de las que iré a tres), fue interesante. Un poco estrambólica, disculpen el neologismo, pero al fin y al cabo el tema era pasarlo bien. Yo (junto a R. y C.) fuimos los únicos por parte del novio, cuando por la novia, digamos que en una pelea nos hubieran reventado diez veces. Como no sabía nada de lo que podía pasar, e iba sin expectativas, todo fue bien. Mi amigo, el novio, lejos del mogollón, como era previsible en él. Una experiencia más, desde luego bastante única. Si volviese a suceder, eso sí, preguntaría antes cómo sería, para ir al menos prevenido.

El domingo fuimos a la feria del libro y fue muy estimulante y divertido. Intercambiamos un libro, ella me regaló un manga shojo llamado Solanin que me está resultando interesante; yo le regalé una biografía llamada "Cosas que los nietos deberían saber", muy enriquecedora desde mi punto de vista, una historia que lees y te puede aportar mucho (hay que reconocer que N., con todo lo que es, me ha recomendado buenos libros). Nos vimos la feria casi entera, compramos un montón de libros, comimos un bocadillo y nos sentamos varias horas en la hierba, compartiendo una botella de agua, hablando de Problemas del Primer Mundo, nada que nos vaya a cambiar la vida, no se toman decisiones un domingo por la tarde con cinco libros en el regazo. 

No sé si mi vida está cambiando, o solo se trata de un paréntesis fruto de una situación de Locura Transitoria post-pandémica, dejándome llevar por una ola de conciertos, planes a meses vista y música, música y demasiados chistes malos. Me dejaré llevar hasta que la música deje de sonar.


Ha sido un gran fin de semana, curioso pero genial, disfrutando y haciendo cosas con mi mejor amigo, su chica (gran amiga también), y mi "nueva vieja amiga" con la que tanto estoy compartiendo últimamente. Y como era previsible, ha venido alguien y me lo ha jodido hoy. Pero bien jodido.

La verdad es que ya me olía algo, pero un ataque tan personal ante un comentario genérico, me ha cabreado, pero sobre todo, me ha dejado bien claro qué puedo esperar de alguien a quien he considerado mi amigo. Una lástima, ya que es una batalla que tengo perdida de antemano, pero ante la envidia no se puede hacer nada. 

Y con esto, me ha quitado las ganas de ir a la boda de dentro de tres semanas justas, donde compartiremos mesa y habitación. 

Puede que sea susceptible, pero esas cosas no se dicen si no las tienes muy dentro de ti. No sé. 

La vida sigue. 

29 de mayo de 2022

Granada (y 2)

Reírte con un chiste malo tras otro en mitad de la calle. Llenar las cervezas de recuerdos perdidos y secretos a medio confesar. Perderse en el Albaicín buscando san Nicolás, para hacer una foto a la inmortal ciudad de Granada. Abrazarse y llorar, viendo al puto Carlos Escobedo desgarrar su bajo, y oír Eclipse, y oír Estrella Polar, y no dejarte caer en su naufragio particular. Dejarse caer en un banco, rendido, en la noche cerrada y devorar un kebab antes de volver arrastras al hotel. Visitar la Alhambra, extasiarse, asombrarse. 

Crear recuerdos, eliminar los negativos, hacer que aquel sitio al que una vez fuiste cambie de significado. Cumplir promesas, no dejar nada en un tintero que sabes que volverás a llenar. Catarsis.

Olvidar las expectativas y vivir cada minuto, cada hora, cada segundo, como si fuera único, como si fuera el último. Que la pandemia y los males del día a día queden fuera por un par de días. Ser feliz con tus amigos.

28 de mayo de 2022

Granada (1)

Veo el sucio amanecer madrileño en un taxi rumbo a Atocha. Granada nos espera, treinta y seis horas en las que dejaremos los sentimientos sueltos entre las calles nazaríes. Donde no faltarán los secretos confesados, las lágrimas declaradas y las risas por mil y un chistes malos que caerán. Y donde el jevi guiará nuestros paso y nos hará caer y levantarnos una y mil veces.

Por qué vamos, te preguntas, cómo se te ocurrió proponer este plan. Y por qué no. Por qué no... 


20 de mayo de 2022

pequeñas muertes

Hoy me he comprado un libro. Eso no es una novedad en mi vida. Tengo muchos libros, quizá demasiados, y mi montaña de cosas por leer sigue subiendo, lenta pero inexorable, como me pasa tan a menudo.

Lo diferente es dónde me lo he comprado. Mi librería preferida de Burgos cierra, dentro de unos días, por jubilación. Y no he podido evitar entrar en aquél local del Espolón por última vez y pasear por los restos de lo que un día fue un espectacular almacén de libros cuidadosamente organizados y a la vista de todo el mundo. 

En esa librería rara vez entraba a por un libro concreto (aunque casi siempre lo tenían, a la vista o escondido); entraba a mirar, a curiosear sin más objeto que comparar portadas y curiosear textos de la contraportada, para al final comprarme por impulso algún volumen que terminaba siendo devorado meses después e incluido, sin excusa, en mi atestada biblioteca. 

Es una tontería, tenemos mil librería físicas, Amazon, tiendas online, pero me entristece ver cómo sitios de mi vida, poco a poco, desaparecen entre los sumideros que el progreso deja atrás. Es una de tantas pequeñas muertes que todos tenemos en nuestra vida, inmateriales, sustituibles, en colores fríos. Que poco a poco se acumulan en tus huesos y cambian hábitos y te encaminan a otras normalidades. Ni peores ni mejores, pero si otras, diferentes, menos nostálgicas.

Qué libro me he comprado... Eso es lo de menos ahora mismo. 

15 de mayo de 2022

Gol en las Gaunas

Cuando éramos pequeños, el fútbol se jugaba los domingos a las cinco de la tarde, excepto el partido de los sábados a las nueve que daban en La Dos, y el del Plus, los domingos a las siete y media. Recuerdo sentarme en el comedor, o en la cocina, con mi padre, escuchando el Carrusel Deportivo y entre anuncios de cupones, puritos, licores y pipas, cantaban goles sin parar, rondas informativas interrumpidas una y otra vez, cánticos de primera y segunda en los estadios que quedaron marcados a fuego en nuestra memoria sentimental: Atocha, el Plantío, Sarriá, Las Gaunas, Luis Casanova, Vicente Calderón, Rosaleda... 

Escuchábamos atentamente a todos esos comentaristas que ya sabíamos a quien locutaban, nos poníamos nerviosos cuando alargaban el cántico del gol sin decir quién lo había metido, y cuando al fin sabíamos el color, lo apuntábamos en esa quiniela, en las sucesivas columnas. Recuerdo estar sentado en sus rodillas, atento, esperando siempre que hubiese un gol más del Real Madrid; recuerdo un botellín de San Miguel y un paquete de tabaco sobre la destartalada mesa de cocina en la que comíamos. Puede que no tuviéramos dinero, pero recuerdo perfectamente ser feliz en aquellos momentos.

Han pasado muchos años; me hago viejo, el fútbol ya apenas me interesa, todo ha cambiado, algunas cosas han mejorado pero dudo que ahora mismo estemos viviendo en un mundo mejor que cuando yo tenía seis, siete, ocho años, y estaba de cinco a siete escuchando la radio con papá.

Todos los años, las últimas jornadas de liga se juegan de forma simultánea, y hace un rato, a las siete y media, han comenzado todos los partidos. No estoy con mi padre en la cocina ni estamos escuchando el transistor; pero, como intento hacer todos los años, me conecto con el móvil a mi Carrusel Deportivo, me pierdo por mi ciudad y me dejo llevar por los comentaristas, los goles, las polémicas y los nervios de todos los equipos. 

No es el mismo fútbol, no es la misma forma, no es el mismo Carrusel. Pero este rato solo hay fútbol

Quizá no sea recomendable volver donde se fue feliz, pero mientras escucho y salto con las oportunidades y los goles puedo volver, aunque solo sea por unos minutos, al lugar donde fui niño y todavía no tenía problemas, no sabía de preocupaciones, y creíamos, o al menos así fingíamos, que éramos felices.

27 de abril de 2022

Libro de los Dragones

Los dragones son, sin lugar a dudas, el ser más extraordinario del Continente. Ningún otro ser aúna en su cuerpo escamoso y pétreo la capacidad de crear energía de la nada; pese a su gran volumen y su monumental peso, son capaces de volar ágilmente durante varias horas sin parar a beber agua o alimentarse. Son omnívoros, pero su alimento preferido es la carne cruda de vaca. En una ingesta pueden comerse un animal adulto entero y beber varias docenas de litros de agua.

Son seres muy escasos, apenas se tiene constancia de un par de centenares de ellos, o mejor dicho, de ellas. Dentro de sus peculiaridades, destaca su extraña capacidad de reproducción: no necesitan la participación de un macho, tanto es así que se desconoce si alguna vez existieron ejemplares masculinos de esta especie. Además, únicamente pueden tener una cría a lo largo de su vida, y nunca antes del primer siglo de existencia. Y no pocas veces el embarazo sale fallido. Empollar un huevo de dragón es una tarea comunal de la tribu, ya que dura no menos de un año, y las condiciones para su viabilidad son terriblemente áridas, tanto es así que es virtualmente imposible que un humano pueda criar una. El nacimiento de una cría de dragón provoca una gran conmoción; las leyendas dicen que cada fallecimiento de dragón provoca la llegada de una cría nueva. 

A cambio de su escasa capacidad de procreación, son animales tremendamente longevos y resistentes, prácticamente imposible de matar. Se han llegado a documentar ejemplares de más de cuatro siglos de vida. Cuando mueren, nadie sabe qué ocurre con ellos, nunca se ha visto un esqueleto de dragón muerto, salvo aquellos escasos ejemplares muertos por la mano humana, el último conocido datado de varios siglos atrás.

Los dragones adultos pueden llegar a tener más de seis metros de largo y otros tantos de envergadura con las alas completamente despegadas. Debido al gran peso que acaban teniendo, únicamente las crías pueden incorporarse sobre sus patas traseras durante largos ratos; caminan a cuatro patas, y gustan de esconderse en zonas frías, pero tampoco hacen ascos a los helados lagos del Norte. Aunque parezcan reptiles, y pese a criar a base de huevos, no se les considera como tal. Los dragones son Dragones. 

Su principal cualidad es la capacidad de crear energía, soltando llamaradas de colores brillantes, verdosos y azulados, por su boca; se desconoce cómo son capaces de realizarlo, pero su fuerza es casi infinita, y puede alcanzar quinientos grados de temperatura durante más de dos minutos seguidos. Además, otro aspecto poco conocido de ellos es que tienen una defensa en caso que inutilicen su principal punto débil, los ojos: son capaces de emitir ultrasonidos para orientarse. Por último, su cuerpo está recubierto de una especie de escamas pétreas prácticamente irrompibles, que mudan continuamente y se engarzan y utilizan para reforzar cotas de malla, construir escudos y como amuletos, debido a sus colores vivos.

En contra de lo que se cree, por lo general no son seres violentos. Únicamente actúan violentamente si les atacan, a ellas o a sus crías al tratarse de seres con un amplio sentimiento de filiación. Por ello, son prácticamente imposibles de adiestrar para el combate. Únicamente algunas amazonas, las denominadas Maestras de Dragones, hemos tenido la enorme fortuna de poder amaestrar algunos ejemplares, tras siglos de trabajo y no pocos sacrificios humanos.

Aún siendo muy complicado, no es imposible matar a un dragón, pero en la humilde opinión de esta Maestra de Dragones, son seres tan perfectos y hermosos que plantearse su asesinato por razones lúdicas resulta algo impensable.

(Bestiario del Continente, Capítulo 34)

17 de abril de 2022

Fago

 Fago - elemento prefijal o sufijal de origen griego que significa "que come", "que se alimenta de", "que devora o destruye".


Hay cosas que acaban conmigo lentamente. Una de ellas es la sensación de no poder hacer nada por mi hermano. No tiene nada grave, realmente. Pero no está bien del todo. Y veo cómo me pierdo en mis pequeñas batallas internas que no van a ninguna parte, y me cuesta cada vez más asumir cómo ha perdido dos años de su vida y no es capaz de estar todavía tan bien como para poder volver a estudiar, a trabajar, a estar de pie y aguantar lo que se le ponga por delante, como terminamos haciendo todos, nos cueste lo que nos cueste.

Intento no pensar en ello. Y la mayor parte de las veces está bien. Pero de repente le da un pinchazo en la rodilla, o en el tobillo, o en la pierna. Y se tiene que meter en la cama y tarda un montón de horas en volver a ser persona. 

Intento que mi mente salga de aquí, pero tras tanto tiempo así, la nueva normalidad no resulta del todo asumible mientras no vea a mi hermano volver a ser él todo el tiempo, y no solo cuando está bien, que sigue sin ser siempre porque no se ve preparado para estudiar, o para volver a buscar un trabajo, porque físicamente sigue estando mal.

Y me devora por dentro. Aunque intente no pensarlo y oculte mi cabeza en cuentos de fantasía de quinientas palabras que no van a ninguna parte. Y porque nadie, absolutamente nadie, le ha dado más soluciones que... "paciencia". Me cago en mi puta vida.

La última vez que tuvo un bajón fuerte fue en año nuevo. Y al igual que hoy, me siento morir un poco, siento que costará volver a ver la luz de verdad. Por qué las cosas son tan difíciles a veces.

13 de abril de 2022

un año más, un deblín deblón

Tres años después aquí seguimos, más viejos y menos sabios, con una pandemia y muchos más disgustos a nuestras espaldas. Y aquí seguimos, sin ti. 

Nunca olvidaré tu generosidad y todos aquellos momentos de mi infancia donde fuiste el más guay de mis tíos. Ni las rosas que durante tantos años plantaste.

Porque nunca pretendiste ser perfecto, ni nadie te lo exigió nunca, y tus errores fueron perdonados y todos los fallos olvidados.

Y han pasado tres años y queda superado, pero este catorce de abril rompió mi corazón y nunca he sido capaz de rehacer todos los trozos. Y a veces, cuando escucho la canción de las lágrimas para llorar cuando valga la pena, recuerdo cómo aquella semana fui incapaz de llamarte ni una sola vez para preguntarte qué tal estabas. Y joder, joder y mil veces joder... Duele. Y sigue doliendo. 

A veces pienso en volver a ser un niño y pisar una vez más el viejo Resbalón y que me llamases pinfloi y merendar una magdalena cuadrada de Martínez; o todas las cenas de Navidad en las que jugaba a ser camarero y me pedías el Deblín Deblón que nunca me explicaste qué era y seguramente te inventaste.

Cómo olvidar a alguien que te dio tanto para recordar. Cómo olvidar... Gracias por lo bueno que nos diste. 

🌷

12 de abril de 2022

la Puerta del Alma

Tras la batalla, los soldados y las amazonas, salvajes e improbables aliados en aquella desigual guerra, recogieron a aquellos heridos que todavía tenían esperanzas de salir adelante y dieron muerte digna a los moribundos, no sin lágrimas, no sin cerrar los ojos, no sin rezar una breve oración a sus inexistentes dioses por las almas de sus hermanos y hermanas.

Los coroneles supervivientes estaban eufóricos, no obstante; la batalla había sido más exitosa de lo esperado, el enemigo rompió filas ante los continuos envites de los dos dragones y sus cuerpos calcinados seguían ardiendo por miles. Y al fin habían liberado una de las puertas que cerraba el paso a su destino, la Puerta del Alma.

Entre las cenizas caminaban dos personas, una por cada miembro de la alianza: por parte de los Guerreros caminaba, pisando con sus pesadas botas de cuero restos de enemigos y armas desechas por el aliento de los dragones, un Hombre Sabio. Por parte de las Amazonas avanzaba lentamente, al ritmo de su compañero, montada en un caballo blanco, La Maestra de Dragones, cubierta con su capa blanca y una máscara que nadie recordaba que se hubiera llegado a quitar alguna vez. A lo lejos, se escuchaba el graznido seco y diabólico de los dos dragones, siendo curados de sus heridas.

Tras varios minutos de paseo silencioso llegaron a un campamento avanzado en el que cerca de un centenar de personas se movía frenéticamente montando los barracones y preparando las defensas; todos se pararon un instantey se cuadraron al ver llegar a las dos figuras, respetados líderes, estrategas y luchadores. Ordenaron a todo el mundo que siguiera con sus tareas y siguieron caminando, rumbo a las murallas.

Aquí estamos, al fin, dijo ella, bajando cuidadosamente del caballo y acercándose a la pesada puerta, golpeándola con los nudillos y provocando un ruido seco. No cantes victoria, Amazona, replicó él, esto no ha hecho más que empezar. Ella giró la cara, y con media sonrisa, negó delante de su aliado, que no amigo. Guerrero, los dos sabemos que esto no ha hecho más que empezar, pero también sabemos que llegar aquí era indispensable. 

Nadie que viva ha conseguido superar estos muros ni esta puerta y volver para contarlo, empezó él, Pero superarla es la única manera de acabar con todo lo que está acabando con las cosas que amamos, y poder volver a odiarnos como en los viejos tiempos, terminó ella, asintiendo y agarrando con fuerza la correa de su caballo.

Amazona, nadie sabe qué nos espera tras estas puertas, puede que nos encontremos los mayores males del mundo, criaturas abominables, monstruos, secretos que nos hagan perder la cabeza. Sí, guerrero, tienes razón, pero si merece la pena luchar por algo, quizá sea por pasar esta puerta y derrotar todos los secretos que contiene.

El Hombre Sabio desenfundó la espada corta que colgaba en su cinturón y golpeó la puerta una, dos, tres veces, hasta lograr astillarla.

27 de marzo de 2022

Reinó la cordura


Nunca olvides quién eres. Nunca olvides el bien que hiciste. 

Y brinda por ello.




26 de marzo de 2022

quemando

Y qué le importa a nadie cómo está mi alma
Más triste que el silencio y más sola que la luna

Y qué importa ser poeta,
O ser basura

(Robe)