17 de agosto de 2022

Abandonado


Hoy hace diez años que te fuiste, y he vuelto, como cada año, a verte.

La lápida está sucia y las letras, una vez brillantes, se hunden poco a poco en el óxido provocado por la humedad y el abandono. Una punzada en mi alma al comprobar que nadie viene a verte ya, que el centro de flores está vacío, que las mierdas de pájaro y las hojas del árbol se acumulan y apenas puedo limpiarlas.

Limpio la lápida y froto las letras, intentando que tu nombre brille como siempre lo hizo, y ato a la cruz metálica que atraviesa el mármol una rosa roja, tu flor preferida, las que siempre te regalé y tú cuidabas durante semanas.

Después de más de veinte minutos y de ir al coche a por alcohol, logro hacer desaparecer el óxido al fin. Leo tu nombre, y no puedo evitar llorar.

Me he dado cuenta que nunca te he hablado de lo que he hecho estos años. Cuando llegué aquí guardé la alianza en el bolsillo de mi pantalón. Suena estúpido, pero me sentí como un traidor cuando entré aquí y vine a verte, con pareja, casado hace poco. Ella es una chica fantástica, la conocí un par de años después que te fueses, y hace unos meses nos casamos. Se acaba de quedar embarazada.

Nunca le he hablado de ti, la verdad. Y no sé por qué, no llego a entender por qué a ninguna de las personas que han pasado por mi vida desde esos momentos les he hablado de ti.