Alguien me escribió una vez que soy un soñador empedernido.... Qué suerte cuando hay gente que lo hace fácil
23 de enero de 2017
Me invita a un café
[Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia]
Que sí, que a mí me gusta mucho el café, pero no es eso.
Apoyas las manos en el soporte vertical que separa nuestros puestos de trabajo, me miras y me dices que me invitas a un café. Lanzas media sonrisa, agradecida por lo que te acabo de decir y es causa de la invitación, y te apartas un mechón de ese pelo castaño claro que cada vez tengo más claro que es un homenaje a la mítica Beatrix Kiddo, pasándolo tras tu oreja derecha de nuevo. Ajustas tus gafas y echas el cuerpo para adelante un instante.
Y sí, me gusta mucho el café. Y me gustan también tus ojos castaños, siempre tan abiertos, siempre alerta ante un mundo laboral que todavía estás conociendo; pero no te voy a engañar, hoy todo eso está eclipsado, porque hoy has traído a trabajar una de esas camisas tan abiertas, a veces creo que te sobran tres tallas. Y te echas hacia adelante y la camisa cae hacia adelante, y no veas qué complicado me resulta concentrarme en esos momentos en los que veo mucho más de tu anatomía de lo que quizá me convendría para seguir estando atento a muchas cosas.
El sujetador es realmente feo, sin gracia, de un color marrón que recuerda aquellas coladas en el pueblo cuando eras niño. Y la verdad, cumples el prototipo de deportista femenina que tantas veces he visto y he emborrachado, fibrosa, piernas desarrolladas, y pechos pequeños y separados pero, en tu caso, joder, qué bien puestos. Puede que sea un pervertido, nadie me invita a asomarme a esa azotea, nadie me da derecho a opinar sobre ese secreto que muestra, seguramente sin darse cuenta.
Me gusta el café, pero fácilmente mandaría a la mierda cientos de ellos por poder posar mis labios allí, por deslizar mi nariz por el valle que los separa y por morderlos hasta quedarme sin aire, y que necesitemos todo el Trombocid del mundo para que nadie se diera cuenta el día siguiente.
A la mañana siguiente Beatrix Kiddo me despierta una vez más y me lleva a la máquina del café. Habla pero apenas le presto atención, me sonríe y me pone entre las manos una vaso del terrible engrudo de la máquina. Hoy lleva un jersey azul oscuro sobre una blusa, una falda también oscura y unas medias negras. Pienso en muchas cosas, pero vuelvo al trabajo, a las llamadas telefónicas de costumbre y a los marrones habituales. En fin.
17 de enero de 2017
La mujer más hermosa del mundo (2)
Termina su copa y le paga al viejo camarada de la cárcel las dos copas de vino que tenía pendientes, calándose el sombrero, se acerca a ella, que termina de beber su copa. Al caminar descubre una mujer de edad indefinida, delgada pero con cintura y un voluminoso pecho que oculta tras un vestido gris claro levemente escotado y largo hasta las rodillas; completa su vestuario con unas tupidas medias oscuras y unos zapatos granates, a juego con el abrigo y el bolso que sostiene con su brazo derecho. Los ojos grises presiden una cara alargada, nariz achatada y unos labios carnosos pintados de rojo intenso; el pelo es de color castaño claro y muy corto, casi como si un hombre se lo dejara un poco largo, sin llegar a cubrirle el cuello y tapándole apenas las orejas. Cuando queda a un metro de ella, sabiéndose observado y posiblemente rechazado, está seguro que se encuentra frente a la mujer más hermosa del mundo.
Da los dos últimos pasos esquivando a un juez y un alto funcionario que comienzan a discutir acaloradamente por el último decreto aprobado por el Ministro de Justicia, y se decide a saludarla.
- Buenas noches, ¿me permite invitarla a una copa?
Ella le mira y parpadea dos veces, sin responder. Hace un gesto afirmativo y da medio paso atrás para que él se acomode sobre la barra. De un gesto, un camarero aparece y sirve una copa de vino a él y una copa de lo que resulta ser absenta negra rebajada a la francesa. La mujer asiente y observa con desagrado la preparación de su combinado ante el curtido hombre que hace caso omiso del gesto. Cuando termina toma su copa y la levanta, agradeciendo el gesto al hombre del sombrero, que levanta asimismo su copa de vino y la choca ligeramente con la de ella. Ambos dan un trago corto a la bebida.
Da los dos últimos pasos esquivando a un juez y un alto funcionario que comienzan a discutir acaloradamente por el último decreto aprobado por el Ministro de Justicia, y se decide a saludarla.
- Buenas noches, ¿me permite invitarla a una copa?
Ella le mira y parpadea dos veces, sin responder. Hace un gesto afirmativo y da medio paso atrás para que él se acomode sobre la barra. De un gesto, un camarero aparece y sirve una copa de vino a él y una copa de lo que resulta ser absenta negra rebajada a la francesa. La mujer asiente y observa con desagrado la preparación de su combinado ante el curtido hombre que hace caso omiso del gesto. Cuando termina toma su copa y la levanta, agradeciendo el gesto al hombre del sombrero, que levanta asimismo su copa de vino y la choca ligeramente con la de ella. Ambos dan un trago corto a la bebida.
10 de enero de 2017
Noche (1)
Los bares clandestinos son
decadentes por naturaleza. Locales prohibidos que se encierran en sótanos sin
cuartos de baño y sin apenas ventilación, de canciones atávicas y alcoholes
ilegales, donde los camareros son más peligrosos que los clientes y los
propietarios son mucho más peligrosos que los camareros. Puertas cerradas con
cien candados por dentro con apariencia de abandonados. Lugares que siguen
abiertos porque un día varios policías corruptos retuvieron al propietario y le
exigieron su parte del pastel para que el negocio pudiera funcionar sin
excesivos problemas. Hay lugares donde los policías son todavía más peligrosos
que el peor de los mafiosos.
De noche todos los gatos son
pardos, y la oscuridad les protege de los perros callejeros. Acuden todas las
noches, después de cenar, escondidos por las sombras de la ciudad aspirante a
megalópolis que no es capaz de permitirse cambiar las bombillas que
periódicamente destrozan a pedradas los zagales que desafían a la gendarmería
municipal. Las callejuelas se tornan aliadas para los gatos callejeros en los
oscuros portales y muchas veces se encuentran varios en los mismos,
compartiendo una petaca de coñac o un cigarrillo mal enrollado.
(...)
Termina su copa y le paga al
viejo camarada de la cárcel las dos copas de vino que tenía pendientes,
calándose el sombrero, se acerca a ella, que termina de beber su copa. Al
caminar descubre una mujer de edad indefinida, delgada pero con cintura y un
voluminoso pecho que oculta tras un vestido gris claro levemente escotado y largo
hasta las rodillas; completa su vestuario con unas tupidas medias oscuras y
unos zapatos granates, a juego con el abrigo y el bolso que sostiene con su
brazo derecho. Los ojos grises presiden una cara alargada, nariz achatada y
unos labios carnosos pintados de rojo intenso; el pelo es de color castaño
claro y muy corto, casi como si un hombre se lo dejara un poco largo, sin
llegar a cubrirle el cuello y tapándole apenas las orejas. Cuando queda a un
metro de ella, sabiéndose observado y posiblemente rechazado, está seguro que
se encuentra frente a la mujer más hermosa del mundo.
3 de enero de 2017
Otro año más
A 2017 no le pido nada porque sé que nada me va a dar. Y espero que nada me quite, porque nada le voy a quitar. Lo poco o mucho que pueda conseguir será fruto de mí mismo. De mi esfuerzo y mi trabajo. De mis viajes y de lo poco que me atreva a luchar.
Espero que nadie me intente joder, en el trabajo o en mi vida privada, y que enfermedades jodidas no me ataquen a mí o a los míos, porque no hay nada peor que estar lejos de los tuyos cuando más lo necesitan.
Espero que los trenes que coja a lo largo del año lleguen siempre puntuales, y que los aviones que tenga que coger no se caigan. Que el coche no me falle cuando más lo necesite. Que lo del piso salga bien. Que no me saquen de auditoría. Que algunos dejen de mirarme por encima del hombro sin tener motivo para ello. Que Robe Iniesta saque nuevo disco. Que Ibáñez no se muera. Que los de Podemos dejen de dar vergüenza ajena. Que ( ) siga estando tan buena. Que Jorge sea otro campeón. Que desestimen el recurso que está jodiendo tanto a Roberto. Y, aunque sea mucho pedir, que en la comunión de Noelia haya barra libre.
También espero no lesionarme durante meses. Que Noche llegue y sea algo que merezca la pena. Que no tenga que arrepentirme de lo que pueda soltar en el trabajo. Que mi madre deje de discutir por tonterías de esas que no sirven para nada y que tanto me enervan.
Y sobre todo, espero que no me falten las fuerzas cuando más lo necesite. Porque tengo la sensación que en 2017 voy a tener que utilizarlas más de una vez.
Salud, y Feliz año nuevo.
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