15 de diciembre de 2014

lo mejor está por llegar


Dentro de poco cumplo veintinueve años. Veintitodos. La verdad es que es un número que me asusta un poco, ya que después vienen los treinta. Y siento que en mi vida todavía me quedan muchas cosas pendientes de esas que tendrías que haber hecho antes de cambiar de década. 

Cierto es que he hecho muchas cosas en mi vida, y creo que la mayoría de ellas han sido positivas. No he dejado en mi vida grandes enemigos, aunque también es cierto que mis actos siempre han sido pequeños, humildes, y en muchas ocasiones, quizá demasiadas, han sido empequeñecidos, casi siempre por mi culpa, por no saber dar publicidad a mis actuaciones. Estamos en un mundo en el que prima más la publicidad que la calidad. Y así nos va, claro. 

No creo que esté destinado a hacer algo grande en la vida. Pero sí estoy convencido que hay cosas que puedo hacer para dejar una pequeña huella en este mundo con el alma cada vez más corrupta. Creo que con mis actos puedo dejar un mundo un poco mejor. Donar a algunas ONG en las que crea, por ejemplo. O ayudar desinteresadamente, algo que no dudo en hacer, muchas veces a gente que sé que jamás agradecerá lo que hago. Pero me da igual. No soy un creyente hipócrita que hace buenos actos por miedo al castigo eterno, ni un cínico egoísta que, cuando hace un favor, se la apunte hasta necesitar que el favor sea devuelto con intereses que rocen la usura. Si me comporto así, es porque me siento bien conmigo mismo comportándome así, no por ninguna otra razón. Y quien bien me conoce sabe cómo soy.

También es cierto que he aprendido. 2013 aprendí, y 2014 he seguido aprendiendo. Ayudo sin esperar nada a cambio, pero tampoco estoy dispuesto a aguantar personas egoístas que solo piensan en sí mismas (ay, Reyes...). ¿me he endurecido? No lo sé. Pero si está claro que una cosa es ser bueno y otra es ser tonto.

Odio las listas de "cosas que hacer antes de", pero me apetece hacer una lista de cosas que todavía no he hecho, y me gustaría hacer en los próximos doce meses. Son poquitas cosas, la verdad, alguna sorprendente que una persona de veintinueve años no haya hecho, y otras quizá un tanto irreales. Pero me gustaría, dentro de doce meses, cuando esté a punto de cambiar de década, venir y decir "aquí están mis últimos doce meses". Y darme cuenta que todo está cumplido.

1. Quiero ir a un concierto de un grupo que no me guste nada con una chica que me guste mucho. Me conformaría con una película, pero si es un concierto, mucho mejor.

2. Quiero publicar algo de lo que he escrito. Me da igual que sea gratis. Y quiero mandar algo a un concurso literario y que tengan al menos la dignidad de contestarme que rechazan mi historia.

3. Quiero comprarme un traje negro y una corbata negra. E ir a trabajar como si fuera un personaje de Reservoir Dogs.

4. Quiero emborracharme en un país extranjero. Irlanda, a ser posible.

5. Quiero mandar a la mierda al menos a uno de tantos gilipollas que conozco que se compran un Audi o un BMW porque se creen lo mejor, cuando en el fondo no son sino unos mierdas.

6. Quiero abrazar a Daniel. Y besarlo. Y que me mire y se ría.

7. Quiero ver un partido del Real Madrid en el Santiago Bernabéu con mi padre y con mi hermano. Y si ya estuvieran mi tío y mi primo, valdría por dos.

8. Quiero montármelo en mi coche con una chica mientras suena de fondo esta canción: 



9. Y por último... esta me la guardo para mí. Porque hay cosas que no se pueden contar ni siquiera en internet.

2015, veintinueve años. Creo que lo mejor está por llegar. O al menos, intentaremos que llegue. 




10 de noviembre de 2014

un minuto de felicidad


Me gusta escribir. Y no es que me considere un buen escritor. Escribo cosas que me gustan y retuerzo la realidad a mi manera para divertirme. Que a mí me guste es lo único que necesito. Y me sirve para relajarme y evadirme de la vida cada vez más estresante y el trabajo más exigente a cada momento que tengo.

Mi afición no es para nada atractiva para un tercero. Y no culpo a nadie de ello: escribir es una afición barata y con fama de sencilla, todo el mundo con un bolígrafo y una hoja de papel puede crear. Es una afición tan democrática que sin problema te encuentras englobados en el mismo saco a grandes maestros como Terry Pratchett o José Saramago con auténticos incompetentes como Juan Manuel de Prada o Ana Rosa Quintana (con todo respeto para sus negros).

Aún así, nunca negaré el mérito que tiene escribir un libro. Yo, que he escrito tres, junto a una docena de historias cortas y un montón de fan fictions de Harry Potter, atestiguo lo difícil que es escribir un relato y que quede bien cerrado y completo; que los personajes sean carismáticos y estén bien dibujados, que el guión no tenga agujeros, que las descripciones no sean demasiado cargantes y que la historia no posea fallos de raccord.

Seguramente nunca sea escritor profesional, y las palabras que escribo nunca salgan de un círculo muy cerrado de gente. Muy poca gente ha leído las cosas que he escrito, personas que me han hecho el inmenso favor de perder su valioso tiempo libre en mí y después darme su opinión, por dura que fuera, ayudándome a mejorar y a quitar las escasas ínfulas que alguna vez pudiera haber tenido. Que mi círculo sea tan cerrado tiene una pequeña historia de decepciones con gente que, por fortuna, ya no forma parte de mi vida. Y también alguna respuesta monosilábica y evasiva que me hizo comprender lo cerrado de mi afición.

En julio comencé a pensar en una historia corta. Una historia en la que intento evolucionar y escribir de una forma más clara y tomando atajos narrativos para evitar el espesor narrativo del que soy víctima y verdugo. Una historia diferente, que terminé en mi cabeza al comenzar el verano de este año 2014 y que hoy, con fecha 10 de noviembre, termino al fin.

El resultado me ha ilusionado, es una historia diferente, con muchos cambios respecto al estilo que siempre he tenido. Y lo mejor de escribir una historia de estas es cuando,después de escribir la última palabra y dar el punto final a lo escrito, tienes esas sensación de vacío, ese minuto en el que piensas: "y ahora, ¿qué?". Pues bien: hoy, después de años sin tener esa sensación, he disfrutado ese minuto como hacía más de tres años que no disfrutaba.

Un camión de la basura entra en la calle unos segundos después. Desde las sombras observa cómo las palas mecánicas del camión recogen el contenedor y se paran cuando está en el aire. Las palas bajan y uno de los técnicos bajan del camión. Mira dentro, blasfema y grita al compañero. Desconoce si está vivo o muerto. Dentro del bar, el camarero se queda con una americana ya sin dueño, en la que encuentra trescientos euros y tres chinas de hachís. Se pone la americana y vende las chinas a unos adolescentes que juegan en una mesa con un dado y dos botellas de absenta negra.
Camina, tambaleándose y cojeando, hasta otro callejón, apoyándose finalmente en la pared. Vomita. Tiembla y en su cabeza se forman las imágenes del contenedor dejando caer el cuerpo sobre las hojas de la trituradora, y suspira al ver que la máquina ha fallado en el preciso instante en el que iba a convertirse en un asesino. Se incorpora, extrañamente tranquilo. Y se siente bien; es como si fuera imposible que nada le vaya a salir mal en lo poco que le quede de vida.
  "Mientras llovía".




1 de noviembre de 2014

Más canciones que me gustan (y que a veces necesito)




Flaca, de Andrés Calamaro.




Amor Castuo, Extremoduro.
Me levanté, hasta los huevos de vivir; te vi pasar, y ahora ya vuelvo a sonreír.




Feo, fuerte y formal, Loquillo
Si te doy mi palabra, nunca se romperá.




Desarraigo, Extremoduro.

A veces hay canciones que necesito más que otras. Como todo el mundo, vamos.
Lo importante es saber cuáles son las que necesito, y que me de igual lo que los demás piensen de ellas. Prefiero parecer ridículo y disfrutar de la música que necesito en cada momento a tener que quedar bien con canciones que no me dicen nada.

12 de septiembre de 2014

introducción



Él ya no tiene nada que perder. Sabe que lo perdió todo aquella trágica tarde en las que se las prometió tan felices poco antes de salir de casa, al terminar de afeitarse de esa forma que ella dijo que le quedaba tan bien. En ocasiones se arrepiente de sus actos, que tanto pueden ser calificados de nobles como de estúpidos; sabe que su madre no ha llegado a perdonárselo todavía, pero también sabe que hay cosas que no tienen vuelta atrás. Y respira con fuerza mientras corre a través de la lluvia, sabiéndose vivo y sintiéndose, por unos breves instantes, inmortal; pese a que su muerte está marcada, no existe una fecha en ningún calendario y está exprimiendo cada segundo como si fuera el último. No le importa que el agua le cale o se mezcle con la sangre que mana de la profunda herida de su mano derecha. Solo quiere seguir corriendo, sentirse vivo el máximo tiempo posible. Vivir se ha convertido en su droga, una droga que le impide cansarse o llorar; y cada día duerme menos y siente menos el cansancio.

  (sin título... de momento)

25 de junio de 2014

algunas canciones que me gustan


la música es el lenguaje más inesperado del mundo. la música lo abarca todo, desde lo más puro a lo más siniestro, desde lo más bondadoso a lo más malvado. la música, esa que siempre está allí, esa que te une a personas, a momentos y a sentimientos. esa con la que recuerdas y no olvidas jamás, porque hay cosas que te grabas a fuego, y una canción te ayuda a recordar aquél momento y a que la llama del momento vuelva a surgir.

con toda música habida y por haber, es imposible seleccionar dos personas que piensen en la misma canción con la que irían al altar, con la que bailarían hasta caer rendidos, con la que amarían, o incluso con la que odiarían. una canción puede significar lo más importante para una persona y lo más odioso para otra. y las dos cosas serán completamente ciertas. porque la música llega directamente a los sentimientos.

no te fíes jamás de una persona que no escuche música, que no tenga una canción favorita, que odie todas o cada una de las canciones del mundo por ser música. porque si en su vida no hay música, eso es porque su mundo está vacío.

esto no son mis canciones preferidas (cada vez creo menos en que haya una canción preferida, y lo dice alguien que ha idolatrado muchas canciones), ni las canciones que me han cambiado la vida; no es la típica lista que todo el mundo hace (y yo me incluyo) en algún momento, o en todo momento, de las cosas a las que le recuerdan esto o lo otro. estas son canciones que me gustan, sin más: canciones que recuerdo de malos y de buenos momentos y que, da igual lo viejas o extrañas que sean, son grandes canciones que me siguen erizando el vello cada vez que el spotify decide que las toca salir. algunas me recuerdan a personas, otras a momentos de mi vida, y otras sencillamente me gustan sin otro motivo de ser canciones que he escuchado y que me gustan.

Asfalto - El viejo
Porque dicen muchas cosas que no he podido olvidar desde la primera vez que la escuché.



Johnny Cash - Hurt
una de las primeras canciones que me hizo llorar.



White Stripes - Seven Nation Army
Porque mola un cojón. y punto.



Uriah Heep - Easy Livin'
Qué queréis que os diga... si la escuchas en directo ya no puedes vivir sin ella.



Mando Diao - Sheepdog
Para bailar, para disfrutar, para agotarte bailando, para perder la compostura y para declararte a alguna mujer si es necesario... esta canción vale para todo, coño.



Bloodhound Gang - The bad touch
Esas canciones que siendo joven escuchas una vez y tienes toda tu vida el sonido en la cabeza... y cuando eres adulto la encuentras de casualidad, ves el vídeo, lees la letra... y para qué decir nada más.



Bryan Addams - Have you ever really love a woman
Porque soy un puto moñas. Y punto.




Nirvana (cover de David Bowie) - The man who sold the world.
Hace relativamente poco descubrí esta canción, viendo un capítulo de Fringe. La original, una canción que me dejó impactado. Buscándola, justo ahora, descubrí este cover. Y me gusta más todavía que la original. Sacrílego, puede. Pero me da igual. A mí me gusta, eso es lo que importa, ¿no?.



The Beatles - with a little help from my friends
No, la canción no es de Joe Cocker. Aunque sea mejor que la original, esta también es imprescindible. Por qué será que cada vez me gustan más los Beatles.



Juan Pardo - Anduriña
Porque me recuerda a alguien que ya no está




The Rolling Stones - Paint it black
la primera canción que alguna vez escuché de los Rolling Stones. Y sigo sin escuchar otra mejor.



Marvin Gaye & Tammi Terrell - Ain't no mountain high enough
Me gusta, sin más.




es una buena idea hacer listas de canciones sin pretensiones y sin intentar darlas una coherencia interna. es más, creo que el único tipo de listas de canciones que voy a hacer a partir de ahora es de canciones que me gustan. porque es la única coherencia que creo que necesitan.

15 de junio de 2014

cordura


A veces hacen falta razones para mantener la cordura. Como aquella vez que miraste a través de la ventana y solo viste coches aparcados y cubos de basura en la calle. Y te diste la vuelta y supiste que no estabas solo. Y que la vida no es el valle de lágrimas que nos quieren vender para que comulguemos con ruedas de molino con toda la miseria ética, moral y ciudadana que nos ofrecen a cada instante.

Vivir es duro y difícil, pero siempre hay un momento en el que te tienes que parar, respirar y saber que mañana será un nuevo día y que tendrás a toda tu gente a tu lado, porque es tu gente y es quien está a tu lado en las duras y en las maduras. Y por muy duras que sean a veces, ahí van a seguir.



Una vez comulgué más de lo que casi nadie hubiera aguantado. Y el odio que tuve tanto por un trabajo como conmigo mismo, hoy lo he convertido en poco más que pena porque exista gente así en el mundo. Quizá sea porque desde entonces mi vida comenzó a cambiar de forma que hoy en día me sigue pareciendo imposible en muchos sentidos. Y aunque sea cierto que si algún día me vuelvo a encontrar con esa persona la saludaré, también le entregaré una tarjeta de visita de mi empleo actual. Para explicarle que el mundo no es el valle de lágrimas que me hizo vivir durante un tiempo, sino que en ocasiones las cosas pasan. Y para darle en el morro y que descubra que hay un mundo diferente.

Comulgué demasiado. Pero aprendí mucho más. Del trabajo y de la vida. Con eso me quedo. Y con la gente que me apoyó ese tiempo.

4 de junio de 2014

no hay justicia

si hubiera justicia los cementerios estarían llenos de desgraciados, y vacíos de buenas personas.

si existiera dios las personas trabajadoras y honestas tendrían siempre otra oportunidad de salir adelante, y sus familias la oportunidad de estar a su lado otra vez.

pero el cáncer no entiende de justicia, y cada vez está más claro que dios no existe. Así que te vas, tú también, comido en pocos meses por una enfermedad que venciste ya dos veces. Y pienso en si alguna vez habrá algún tipo de justicia, que los justos puedan disfrutar del mundo que ayudan a mejorar y que los desgraciados sufran por colaborar en su destrucción.

deseo que tu mujer y tu hijo puedan volver a vivir después de tanto dolor. estaremos a su lado, al igual que tú estuviste a nuestro lado cuando el dolor de la pérdida nos hizo sufrir.

Descansa en paz, Carlos. No te olvidaremos jamás.

David.

1 de junio de 2014

personajes



No entiendo por qué existe gente así. En serio. Por qué la gente tiene que ocultar su personalidad. Por qué se engañan a sí mismos y a todo el mundo que les rodea a través de un endeble pero efectista guión. Por qué existe gente que se odia a sí misma tanto como para no mostrarse abiertamente. Sí, es gente que se odia a sí misma, por mucho que hablen de diferentes formas de ser en diferentes ambientes, o de mierdas similares. Cuando sabes cómo eres y te quieres y te respetas a ti mismo, a ti misma, te da igual lo que la gente opine de tu forma de ser, de tu forma de hablar, de tu forma de pensar. Serás el mismo con tus amigos que con tu familia o en el trabajo. Evidentemente, en diferentes ámbitos tendrás que contenerte en ciertos temas de conversación o en la vestimenta (no es bueno hacer chistes de Irene Villa o cantar cosas de Lendakaris muertos en según qué sitios, y si en tu curro tienes que llevar corbata, ya sabes lo que te toca), pero no te ocultas ni llevas una careta.

Dime, personaje, actor de tercera que se cree el George Clooney de dios sabe dónde, qué beneficio sacas aparentando ser un fucker, cuando lo que provocas, con tus frases hechas y tus miradas de condescendencia (excepto con tus jefes, a esos les tienes en altares, cosa que nadie más hace), no es más que situaciones de vergüenza ajena y risas a tus espaldas… y a veces incluso en tu cara de pánfilo. O dime, tía que vas de moderna, de guay, o de lo que quieras aparentar, qué ganas haciendo daño a la gente que tanto te ha querido. No os dais cuenta de lo ridículos que sois y del daño que podéis llegar a provocar a las personas que se creen que sois de verdad, y no los actores que realmente sois.

Es difícil entender por qué os odiáis a vosotros mismos, a vosotras mismas, para crear personajes que os sustituyan a los ojos de la gente. Sed vosotros mismos. Abriros a la gente, y seguro que todo os irá mucho mejor. Y si realmente sois tan odiosos e impresentables como creéis ser, estoy convencido que quitaros el disfraz os ayudará a cambiar. O al menos alguien os dará una bofetada tan fuerte en algún momento que seguro que os convencerá para ir a algún psiquiatra para espabilar o por lo menos para que os ayuden a convertiros en personas decentes con ayuda de pastillas de colores de esas.

Y no os olvidéis de otra cosa sobre vuestros guiones: las mentiras se acaban cazando. Más tarde que pronto, quizá, pero desde luego siempre acaban saliendo a la luz. Y ese día, vuestro guión dejará de tener sentido alguno. Y quizá tendréis que volver a empezar de cero.

Dejaros de intentar ser importantes por cosas que no sois, y sed normales por las cosas que sí que sois. Haceros ese favor. Y de paso, haréis un favor muy importante a toda esa gente que cree conoceros y estoy convencido que no se merece el daño que les estáis haciendo.

5 de mayo de 2014

karma



Hace ya mucho tiempo que dejé de creer en demasiadas cosas. Lo de creer en dios es una batalla perdida, por lo que ni me esfuerzo en fingir siquiera. Pero no es el tema. Hoy no.

¿Habéis oído hablar del karma? Dicen que el karma es esa cosa que cuando haces cosas buenas te recompensa con más cosas buenas y cuando haces cosas malas te acaba castigando. Más allá de lo simplista de su planteamiento pseudocientífico y vagamente religioso, ya os voy adelantando, sorpresa, que es mentira. El karma es lo que utilizan, con otras palabras, las personas religiosas para hacer buenos actos; esperan que si se portan bien en esta vida cuando diñen irán al cielo. Encima de cobardes, hipócritas. Y lo incumplen a cada paso que dan, por cierto.

Dentro de mis millones de imperfecciones, siempre he intentado ser buena persona. Está claro que más que bueno he sido muchas veces tonto, y por eso me han llovido tantas bofetadas, casi ninguna física, en mi vida. Pero bueno, la mayoría, y yo me incluyo, vamos aprendiendo de eso. Intento ser buena persona, y no busco ganarme el cielo, y desde luego que hace ya mucho tiempo que no espero que por ser bueno la vida me vaya a tratar mejor. Es más, la vida te demuestra que existen muchos hijos de puta aprovechados que tienen un radar para detectar buenas personas e intentar tocarles los cojones a cada momento. Lo primero que tienes que aprender es que una cosa es ser bueno y otra muy diferente es ser gilipollas. O pagafantas, ya puestos. Así que la vida te enseña que no hay que ser demasiado bueno. Y no está de más recordar que estamos en un mundo en el que se premia la maldad y se castiga la bondad. Y estamos en un mundo en el que el más golfo o la más puta son los que tienen éxito en la vida, mientras que los trabajadores y las luchadoras se quedan atrás y tienen que aprender a luchar con los primeros en inferioridad, ya que pelear con un estúpido es una derrota segura, porque siempre tendrás que bajar a su nivel y allí te vencerá. 

Y pienso en la buena gente a la que le ocurren desgracias y en los desgraciados que copan el mundo y siempre tienen suerte. En este mundo no se recompensa la bondad ni la ayuda, y desde luego, no es recompensado por las personas, y mucho menos por el tiempo.

Pienso en la mayor desgracia que puede sufrir una persona, perder a tu hijo de forma cruel e inmerecida. Pienso en Paula, que con solo quince años sufrió un accidente de tráfico hace ya casi dos años que le costó la vida a ella y a otras cinco personas. Y vuelvo a ver a su padre, y a su madre, y sus ojos tristes y el vacío existencial que sufren desde aquél día. Da igual que ese hombre vuelva a sonreír, su mirada siempre estará triste. Dos personas honestas y trabajadoras, generosas y cuya niña, joven y cariñosa hasta más no poder, todo lo contrario a los idiotas adolescentes de hoy en día, perdieron a lo que más querían y ya no se van a poder recuperar. Y pienso en otro buen hombre, honesto, trabajador, con una maravillosa esposa y un hijo educado en valores que no se ven en las casas. Un puto cáncer de huesos le ha comido el coxis en dos meses sin darse cuenta de ello, y pocos especialistas se atreven a operarle.

Y luego pienso en los de siempre. Pienso en los gilipollas, que se te meten en casa y no descansan en ningún momento, y quieres abofetear hasta que se te desgasten las manos pero no puedes porque eso es delito. Y también pienso en esos hijos de puta borrachos que todavía no hemos tenido la suerte de ver morir. Ese que me ha amenazado de muerte una vez que estaba tras la barra y que vive de subvenciones estatales y menudear costo en los cuartos de baño de algunos bares, y que ha estado en la cárcel un par de veces. Alguna vez se lanzó sobre un coche, buscando una denuncia fácil para que algún seguro le financiara el alcohol y la dosis durante unos meses. Y no mueres, y cuando estás jodido vas a urgencias y te atienden antes que a la gente que se lo merece. Y ni sufres ni padeces. Cómo voy a creer en nada si tú no has dado un palo al agua en toda tu puta vida y sigues vivo.

Creer que por ser bueno te van a pasar cosas buenas está bien si tienes quince años y no te haces pajas, pero las personas que nos remangamos la camisa y curramos sabemos perfectamente que la vida te exige cada vez más, y por eso tienes que currártelo todos los días. No esperes que el trabajo de tus sueños venga a ti, ni que la mujer de tus sueños te pida sexo solo porque hayas ayudado a tu madre a pasar el aspirador. No esperes una alfombra roja en tu vida, por muy listo o guapo que te creas. No te creas que porque hayas tenido un golpe de suerte en un momento de tu vida todo te vaya a salir bien. No esperes sentado otro golpe de suerte, porque desde luego no va a llegar si no te lo curras como si fuera lo último que fueras a hacer en tu vida.


A veces pienso que me he convertido en un misántropo. Pero luego salgo del bar y se me pasa. O casi.