12 de septiembre de 2014

introducción



Él ya no tiene nada que perder. Sabe que lo perdió todo aquella trágica tarde en las que se las prometió tan felices poco antes de salir de casa, al terminar de afeitarse de esa forma que ella dijo que le quedaba tan bien. En ocasiones se arrepiente de sus actos, que tanto pueden ser calificados de nobles como de estúpidos; sabe que su madre no ha llegado a perdonárselo todavía, pero también sabe que hay cosas que no tienen vuelta atrás. Y respira con fuerza mientras corre a través de la lluvia, sabiéndose vivo y sintiéndose, por unos breves instantes, inmortal; pese a que su muerte está marcada, no existe una fecha en ningún calendario y está exprimiendo cada segundo como si fuera el último. No le importa que el agua le cale o se mezcle con la sangre que mana de la profunda herida de su mano derecha. Solo quiere seguir corriendo, sentirse vivo el máximo tiempo posible. Vivir se ha convertido en su droga, una droga que le impide cansarse o llorar; y cada día duerme menos y siente menos el cansancio.

  (sin título... de momento)