Tú asientes, su voz golpea en tu cabeza y solo unas sílabas llegan a tus maltrechas neuronas. Y entre la mascarilla a medio lado que lleva puesta, una media sonrisa finge aparecer. Pero en ese momento llega el taxi, te lo ofrece pero tú niegas con la cabeza, te lanza un beso con la mano y desaparece, Gran Vía arriba, dentro del cohete blanco.
Tú caminas unos pocos metros y aparece otro taxi, levantas la mano, te dejas caer dentro y le dices dónde vas y cómo llegar. Escuchas en la radio a los putos Scorpions.