1 de diciembre de 2020

locos

Y está loca y eso qué demonios importa. Las calles de Laredo dieron una pista suficiente a la que no presté atención, tras ese bautismo en el asfalto de la Castellana. 

Y tus cada vez más marcadas facciones y tus ojos verdes que cuentan mil y una historias no tienen nada que decirme, porque para qué. 


26 de noviembre de 2020

buscando patrones

Y cómo lo sabré, dijo ella, tras los primeros patrones hallados en aquella vorágine de información, Cuando lo veas, lo sabrás, respondió él, absorto entre las cifras, intrigado por el misterio de unas cifras tan inapelables como extrañas; Entonces, como el amor, le dijo ella, con sus ojos verdes fijos en los de él, rictus alegre y sonrisa oculta tras la mascarilla. 

20 de noviembre de 2020

toque de queda

Los minutos pasan y el reloj no deja de hacerte recordar que en la capital del reino a medianoche se cierra el telón. Montas en el metro por primera vez en semanas y la vida sigue, llena de incógnitas tras máscaras de colores, la azul manda pero no gobierna, las modas siguen y únicamente se resiente el pintalabios. Todo debería salir bien.

Calma tensa en un ambiente donde la distancia toma peso, las voces se escuchan menos, y hay mas huecos para sentarse, antiguamente tomar el Metropolitano a medianoche significaba alcohol, amores ocultos y silencio, las cosas no han cambiado tanto, más ocultas, menos visibles, lo mismo pero todo lo contrario a la vez. Todo tiene que acabar. 

Te entretienen quienes rompen el silencio y el alcohol con perfumes y chispas de ingenio tras la gran tragedia que parece no importar a nadie. Las generaciones se distinguen en los pantalones, en la longitud de las faldas, en un absurdo combinado de barroquismo y minimalismo capilar, en la primera generación que ha crecido con el mestizaje. Esto lo paramos unidos, salimos más fuertes, efímera propaganda buenista que ni ellos se creyeron.

El metro llega a su destino, te miras la mano y no sabes si usar gel o lengua, Nash no pensó en esto. 

En fin, tranquilízate, las cosas no pueden ir a peor, y si lo fuesen, otros buscarán la forma que todo se solucione, o al menos, que lo parezca. 

13 de noviembre de 2020

un día como cualquier otro

y ves y no dejas de ver, y los días pasan y los acontecimientos se mecen sin prisa pero sin pausa.

y ahí sigues, miope y dolorido, y siempre te preguntarás por qué. aunque sepas la respuesta. lo importante no es la pregunta, ni la respuesta, son las heridas.

y esos ojos azules estrábicos desaparecen cuando no los ves, y ese pelo rizado ora suelto, ora moño, peinado o despeinado, se agita ante el movimiento de cadera, y tus gafas esconden la prosaica irrevocabilidad de una personalidad extraña y no siempre bondadosa. pero hoy teletrabaja, quizá, solo quizá, todo es de repente imprevisible y a la vez no. 

y el ruido de unos tacones golpeando el suelo te despista y te sobresalta la última notificación; porque han muerto otras trescientas personas y a todo el mundo parece que le da igual. y a ti también, hasta que conoces a uno de ellos, aunque tampoco tanto, amigo no era.

y sudas y quien te mira tras la pantalla que tienes enfrente investiga dios sabe el qué, y de vez en cuando intenta descifrar tus maldiciones con sus enormes ojos, sedientos de unos conocimientos que estás ya harto de actualizar una y otra vez porque nadie se digna a hacerlo.

 y una puta va sin mascarilla porque ya le ha pasado lo peor que le puede pasar.

y a tu jefe le da igual la mascarilla y grita por teléfono, en el trabajo nadie se contagia, y total, como sobran cuatro mil pronto habrá hueco para más como él. nunca hay suficientes jefes.

y el día pasa, uno más, y uno menos para el lunes, para la vacuna, para el fin del mundo. porque no todo se merece una cuenta atrás, tampoco las cosas que ya la tienen. 

y ya has perdido la cuenta de las veces que has respondido no sé. 

7 de abril de 2020

#NuestrosHéroes


Abre los ojos. 
El vaso de cartón le quema las yemas de los dedos, desnudas por primera vez tras dios sabe cuántas horas. Busca con la mirada a algún compañero que le acerque un cigarrillo redentor, pero en la sala de descanso, habitualmente llena de vida y risas, hoy solo queda el persistente olor a ese espeso y horrible jabón y un montón de máquinas de café y golosinas a punto de morir de inanición En las mesas, duermen restos de cajas de pasteles y chocolatinas que de vez en cuando les envían y apenas llegan desaparecen, víctimas de la ansiedad.
Da un sorbo al café y arrastra los pies hasta la puerta de la calle, donde se encuentra a varias compañeras, doctoras, enfermeras, celadores, que ven pasar los minutos compartiendo pitillos y gestos, desesperanza por lo que han visto y miedo por todo lo que les queda por hacer y decidir; se acerca a ellas, y sin mediar palabra le acercan un Ducados y el mechero. El aséptico silencio que nutre la ciudad desde hace al menos dos semanas solo es roto por el ruido de sus caladas, cortas y rápidas, devorando nicotina que haga recuperar la calma perdida.
Su turno ha terminado hace horas, pero otro compañero ha sido positivo hoy, y hasta que lleguen los improbables refuerzos, encuentra fuerzas para que cada hora parezca minutos, para que el siguiente triaje que tenga que realizar sea el último. Tose, y las piernas le tiemblan, como cada vez que le ocurre a cualquiera que trabaje ahí, hace días que perdió la cuenta de cuántos han sido positivos y queman sus cuarentenas en soledad. Apura el café, y el sabor a grano quemado en su lengua le tranquiliza.
La última calada le resulta insuficiente, pero ya no queda nadie a su alrededor a quien robar otro cigarrillo, y tira la boquilla blanca al suelo, pisándola con saña y deseando que esa fuese la manera de acabar con el maldito bicho.


Antes de entrar, se apoya en la pared y cierra los ojos. Cuenta hasta diez, y desea que cada uno de los éxitus que ha tenido que certificar, ancianos, y jóvenes, algunos terriblemente jóvenes, fuesen borrones de las pesadillas que llevan nublando sus sueños las últimas dos semanas. Pero vuelve a abrir los ojos. Y piensa en los que han salido adelante, le han dado las gracias y han salido por la puerta del hospital, llorando, agradecidos, aplaudiendo a los improbables héroes en los que se han convertido.
Y entra por la puerta, una vez más, con la cabeza alta, con el convencimiento que ese pequeño hijo de puta no va a poder con ellos.


https://www.facebook.com/david.ricobarahona/posts/2651729571619659

(participa en el siguiente concurso de relato corto: https://www.zendalibros.com/concurso-de-historias-sobre-nuestros-heroes/)