14 de julio de 2016

El mecanismo




Abre la puerta de la habitación y se atusa la parte de abajo del vestido, él la observa en silencio, sujetando las gafas de la chica entre sus manos, con cuidado de no manchar los cristales, jugueteando con las patillas. Le cuesta mantener la calma a la hora de respirar, la mezcla del perfume y el pintalabios le ataca y le marea ligeramente.

Los engranajes comienzan a girar una vez más, ella le mira y le sonríe, las dudas le impiden dar ese paso adelante que tanto tiempo lleva deseando, le acerca las gafas y ellas se las pone, parpadeando y fijando su mirada en él, sonrojándose casi en el acto. Las lámparas del pasillo se apaga durante un instante, las luces de emergencia verdes se encienden, iluminando tenuemente a la pareja durante un instante, y ella da un paso adelante y le besa. Él cierra los ojos y siente cómo los brazos de ella se cuelgan de su cuello, y la abraza por la cintura en el momento que el pasillo vuelve a iluminarse. De un paso entran en la habitación, de una patada la puerta se cierra; el mecanismo ha funcionado.

El teléfono comenzó a gritar a las siete y cuarto de la mañana, y él abrió los ojos, desorientado, cuando notó que algo le presionaba el pecho. Ella estaba allí, con su brazo derecho sobre él, boca abajo y desnuda, las mechas castañas de su pelo revueltas. Se movió, apartándola con suavidad y colocándola encima de la cama, intentando no despertarla. Posa los pies en el suelo, cuidadosamente, encontrándose su ropa interior y los vaqueros. Los recoge, y comienza a recordar todo lo que ocurrió después de aquél beso que ella le robó en la oscuridad del pasillo.
-        - ¿Dónde vas?

Se asusta a escuchar la voz de la que creía dormida. La mira, ella le observa, con gesto somnoliento, boca arriba, los recuerdos de la noche se agolpan ante la naturalidad de la chica, a la que no le importa aparecer desnuda, seguramente al saber que ya da igual lo que enseñe al que ya le ha visto, y posiblemente muchas cosas más, cada centímetro de su cuerpo.

6 de julio de 2016

Huida hacia adelante


Se escapa entre las manos. Y lo único que puedes hacer es mirar cómo huye y desaparece, como siempre.

Se escapa la libertad, fruto del miedo. Se escapa la unidad, fruto de la mentira. Y lo aceptamos sin dudar y sin cuestionar nada. Agarramos la papeleta sin pensar, sin creer que realmente vaya a cambiar nada, y vaya si lo cambia. Comenzamos a creer ciegamente en nuevos popes con pensamientos extraños y contradictorios, y negamos a ver la verdad de la  arrogancia y la avaricia que han contagiado hasta al denominado puro. O volvemos a confiar, quizá con la nariz tapada, en aquellos que nos han traicionado a cambio de darnos acceso a unas migajas del pedazo de pan al que antes teníamos acceso sin dificultad.

Aceptamos la corrupción y la pérdida de libertades a cambio de nada, o creemos en cosas que sabemos que nunca funcionaron, y las ideas se comparten a través de pajaritos o de estados que acaban como material que venderán para ofrecernos más publicidad. A votar se va leído, y aun así sabes que las cosas nunca saldrán como crees.


Menos mal que nada es para siempre, y que algún día, independientemente del miedo, de la mentira, de las contradicciones y las migajas, todos acabaremos en lo único que iguala. Y donde, si de verdad hay un dios, seguro que tendrá en cuenta más nuestros comportamientos que nuestras oraciones. Porque, si no fuese así, me cago en dios muy alto y muy fuerte