6 de julio de 2016

Huida hacia adelante


Se escapa entre las manos. Y lo único que puedes hacer es mirar cómo huye y desaparece, como siempre.

Se escapa la libertad, fruto del miedo. Se escapa la unidad, fruto de la mentira. Y lo aceptamos sin dudar y sin cuestionar nada. Agarramos la papeleta sin pensar, sin creer que realmente vaya a cambiar nada, y vaya si lo cambia. Comenzamos a creer ciegamente en nuevos popes con pensamientos extraños y contradictorios, y negamos a ver la verdad de la  arrogancia y la avaricia que han contagiado hasta al denominado puro. O volvemos a confiar, quizá con la nariz tapada, en aquellos que nos han traicionado a cambio de darnos acceso a unas migajas del pedazo de pan al que antes teníamos acceso sin dificultad.

Aceptamos la corrupción y la pérdida de libertades a cambio de nada, o creemos en cosas que sabemos que nunca funcionaron, y las ideas se comparten a través de pajaritos o de estados que acaban como material que venderán para ofrecernos más publicidad. A votar se va leído, y aun así sabes que las cosas nunca saldrán como crees.


Menos mal que nada es para siempre, y que algún día, independientemente del miedo, de la mentira, de las contradicciones y las migajas, todos acabaremos en lo único que iguala. Y donde, si de verdad hay un dios, seguro que tendrá en cuenta más nuestros comportamientos que nuestras oraciones. Porque, si no fuese así, me cago en dios muy alto y muy fuerte