19 de enero de 2016

Aburrimiento


Necesito un hobby.

18 de enero de 2016

Ya da igual


Me anuncian que estoy en el proyecto estrella del primer semestre, lo cual va a conllevar levantarme a las seis y media de la mañana durante dos meses, trabajar de sol a sol, estar a cara de perro con unos cuantos y, en resumen, renunciar a llevar algo parecido a una vida. Segundo año consecutivo que me meten en el proyecto estrella del primer semestre. Aunque la verdad, no me importa. No estoy aquí para hacer amigos, sino para ganar dinero. Y si hago las cosas bien, posiblemente pronto ganaré más dinero. Y soy tan masoquista que me gusta.

Pero eso es lo de menos. 

Lo mejor que tengo es que sé encajar muy bien los golpes. Y los soterrados pero visibles desprecios que a veces percibo. Y que me dan igual. Disfrutad de vuestra fingida superioridad, porque da igual quién os ha enchufado. Y me da igual que me hagan de menos. 

Ya me da igual. No me importa, no me hace daño.

16 de enero de 2016

Admitir la derrota


La historia llegó a setenta mil palabras, pero nunca tuvo título. Iba a crear otro futuro a aquella historia de perdedores que tejí en dos mil cinco y que seguí contando en dos mil diez, pero obviando la historia en la que dos hermanastras llamadas Emma descubrían la verdad sobre su vida rodeadas de maldad y sangre. 

No puedo con ella. No puedo con una historia sin nombre de personajes que conozco como la palma de mi mano. Y ya la tengo casi terminada. Pero no me gusta lo que he creado.

Hay que admitir la derrota.

Quizá, al fin y al cabo, esto de ser un juntaletras no es lo mío. 

Es difícil encontrar tu sitio cuando quedas desarraigado.

6 de enero de 2016

Recuerdos de Navidad


Recuerdo cuando nos levantábamos el seis de enero a las ocho y media de la mañana a abrir los regalos de reyes. Yo ya conocía el secreto, pero mi hermano no. Mis padres iban a rastras, tras nosotros, a abrir los regalos. Muchas veces mi padre, ya vestido para irse a trabajar nada más levantarse, dormitaba en el sofá, agotado después de trabajar hasta la una o las dos de la mañana el día cinco, y tener que volver a empezar desde cero otra vez. Y poco después de abrir los regalos y que la emoción de mi hermano (y al principio también la mía, aunque supiera la verdad los regalos estaban allí) desapareciera, mi padre se levantaba y se iba a trabajar. Yo me quedaba con un palmo de narices, pero al principio mi madre me pedía que me vistiera y que fuese a por churros. Poco después, mi madre comenzó a irse a trabajar con mi padre, a las nueve y poco de la mañana, y nos quedábamos con la abuela, que nos miraba con gesto triste, como sabiendo lo que estábamos pensando y sin saber qué hacer. Al final acababa recogiendo todo, regalos y envoltorios, y sacaba el aspirador. Y a mediodía o así, o tal vez antes, bajaba al bar hasta que se hacía la madrugada y cerrábamos la persiana.

Un año, creo que tendría yo quince o diceiséis años, pasé mala noche y me levanté mal. Después de abrir los regalos, mis padres se fueron al bar y yo me quedé tumbado en el sofá. No vi a mi madre hasta la noche. De ese día solo recuerdo que le regalé a mi hermano el primer libro de Harry Potter y me lo acabé leyendo yo entero (mi hermano tendría ocho o nueve años, y la verdad es que nunca fue mucho de leer).


Recuerdo ir a trabajar al bar el día de Navidad, el día de mi cumpleaños, y cerrar a las tres de la tarde, o tres y cuarto, para ir a comer. Poner un cartel en la puerta e ir corriendo a casa, donde, sin apenas aliento, dar un beso rápido a mi escasa familia y comenzar a comer. A mi padre quedándose dormido en el sofá después de comer rápidamente y despertándose, por arte de magia, a las cinco y media de la tarde para bajar de nuevo al bar. Y bajando yo a las seis y media o siete de la tarde para echar una mano, como siempre. Y lo mismo en Año nuevo.

Por mi vigésimo primer cumpleaños (cómo pasa el tiempo...) mi madre me preguntó qué quería por mi cumpleaños, y yo le pedí que cerrásemos el bar el día de Navidad y el día de Año nuevo. Y se cumplió. Soy ingenuo hasta para pedir, ya que cerrar dos tristes días me hizo feliz.

Ni odio ni amo la Navidad, pero este año, al fin, he logrado descansar. Aunque haya habido otra clase de problemas que no viene al caso contar hoy.

4 de enero de 2016

Pasadas las resacas

Año nuevo, vida vieja. Y las viejas del supermercado siempre con prisas, aunque no tengan nada que hacer.

Señora, guarde el paraguas que yo estaba antes...

1 de enero de 2016

Cerrando el año (Editado)

Cerramos dos mil quince, dejándome tirado. No está mal.

Para dos mil dieciséis deseo también que no me falte nunca una persona que no me deje tirada.

Actualizado: no fueron formas, desde luego, y así lo admitió y así lo confirmé yo. No voy a complicarme la vida con estas mierdas, aunque me da que pensar. Pero bueno, en dos mil dieciséis no quiero hacerme mala sangre, y menos con cosas que pasaron hace ya un año, realmente fue hace unos días, pero para el caso, sinceramente, año nuevo y vida nueva.

la mejor de mis historias...


Pronto...