El día que desperté de mi ensoñación me rompí por completo y descubrí que todas las cosas que llevaba tiempo, demasiado tiempo ocultando, a los demás pero sobre todo a mi mismo, no podían taparse durante mucho más tiempo. Y tomé una decisión, dura, muy dura, por mi propio orgullo masculino, tan imbricado en mí como tóxico. Decidí pedir ayuda, y después de un viaje a Sevilla que recuerdo con gran cantidad de claroscuros, el lunes dos de octubre llamé y encontré ayuda.
Han pasado dieciocho sesiones, y estoy tan cerca de finalizar como el primer día. Pero las cosas han cambiado. O por lo menos están empezando a cambiar. Sé donde quiero llegar, y estoy empezando a tener herramientas. Y sobre todo, estoy empezando a tomar decisiones.
1. P.
Ya no estoy tan obsesionado con ella. Desperté, y temí perder lo que ya tenía al descubrir su relación (que tardo dos meses en decirme pero ya ha normalizado). Pero no se ha perdido nada, 2023 está lleno de planes y viajes, y con el paso del tiempo, esta relación se afianza más, y nuestros sentimientos poco a poco caen sobre la mesa como las cartas. Y en muchos aspectos, nuestros sentimientos mutuos han sido, o son, muy similares. No en todos.
Soy una persona que nunca ha sabido exteriorizar bien sus sentimientos, y las pocas veces que lo hacía, o era tarde y mal, de forma irracional y victimista; o bien no encontraba empatía suficiente de mis interlocutores, por lo quedecidí que lo mejor era callarse. Todo ha cambiado con P. Ella me ha hecho descubrir otro mundo, otra vida, que hay algo mas de lo que estoy acostumbrado, de lo que era mi vida hasta aquél día de marzo. Había perdido la esperanza, y gracias a P he recuperado las ganas de seguir y de encontrar la mejor versión de mí mismo. Me está ayudando a superar mis miedos. Sabe casi toda mi historia.
P me ha salvado la vida.
Ya hablaré en detalle de más cosas relacionadas con ella. Ahora que al fin las tengo más o menos claras.
2. Decisiones (Dei-cisiones)
Ir al psicólogo. Esa es la gran decisión. Dura, pero necesaria. Y más difícil según pasan las sesiones. Pero me está dando herramientas. Estoy aprendiendo a ordenar mis sentimientos. A entenderlos. A aceptarlos. La ansiedad está poco a poco desapareciendo, estoy mucho más tranquilo y estoy volviendo a concentrarme y a tener fuerzas para hacer ciertas cosas. No es poco.
Es lento, pero funciona. Tengo que creerme quién soy, y que tengo derecho a ser feliz y a que me pasen todas las cosas buenas que le pasa a los demás.
Operarme la vista. Tenía mucho miedo, pero lo hice. Y no me arrepiento.
Tatuaje. "Ahora es cuando". En abril, por supuesto, con P.
(Continuará...)