Alguien me escribió una vez que soy un soñador empedernido.... Qué suerte cuando hay gente que lo hace fácil
15 de junio de 2014
cordura
A veces hacen falta razones para mantener la cordura. Como aquella vez que miraste a través de la ventana y solo viste coches aparcados y cubos de basura en la calle. Y te diste la vuelta y supiste que no estabas solo. Y que la vida no es el valle de lágrimas que nos quieren vender para que comulguemos con ruedas de molino con toda la miseria ética, moral y ciudadana que nos ofrecen a cada instante.
Vivir es duro y difícil, pero siempre hay un momento en el que te tienes que parar, respirar y saber que mañana será un nuevo día y que tendrás a toda tu gente a tu lado, porque es tu gente y es quien está a tu lado en las duras y en las maduras. Y por muy duras que sean a veces, ahí van a seguir.
Una vez comulgué más de lo que casi nadie hubiera aguantado. Y el odio que tuve tanto por un trabajo como conmigo mismo, hoy lo he convertido en poco más que pena porque exista gente así en el mundo. Quizá sea porque desde entonces mi vida comenzó a cambiar de forma que hoy en día me sigue pareciendo imposible en muchos sentidos. Y aunque sea cierto que si algún día me vuelvo a encontrar con esa persona la saludaré, también le entregaré una tarjeta de visita de mi empleo actual. Para explicarle que el mundo no es el valle de lágrimas que me hizo vivir durante un tiempo, sino que en ocasiones las cosas pasan. Y para darle en el morro y que descubra que hay un mundo diferente.
Comulgué demasiado. Pero aprendí mucho más. Del trabajo y de la vida. Con eso me quedo. Y con la gente que me apoyó ese tiempo.