Veo el sucio amanecer madrileño en un taxi rumbo a Atocha. Granada nos espera, treinta y seis horas en las que dejaremos los sentimientos sueltos entre las calles nazaríes. Donde no faltarán los secretos confesados, las lágrimas declaradas y las risas por mil y un chistes malos que caerán. Y donde el jevi guiará nuestros paso y nos hará caer y levantarnos una y mil veces.
Por qué vamos, te preguntas, cómo se te ocurrió proponer este plan. Y por qué no. Por qué no...
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