No hacen falta más que cuatro acordes lanzados por un virtuoso con ganas de demostrar de lo que es capaz para ser feliz. Y dos calimotxos para brindar por ello. Y cantar y chillar y levantar los cuernos y dejarte caer en un inesperado pogo con otros veinte tan zumbados y felices como tú.
Porque no todo es Salir, beber, ni el rollo de siempre. Por fortuna.
No hay comentarios:
Publicar un comentario