un sábado cualquiera
Cuando parece que podías tocarlo con los dedos, la realidad ha recordado que, una vez más, que las cosas no sonríen a quien se lo merece, sino a quien tiene la suerte de tener todo en la vida hecho por el mero hecho de haber nacido.
Y hay que aguantar. Porque la vida es como es. Y hay que seguir peleando. Luchas que, como siempre, terminarán beneficiando únicamente a quien no se lo ha ganado y no se lo merece.