Por tantas cosas añora aquellos
tiempos en los que no tenía miedo y no necesitaba más que una idea para acabar
con quien hiciera falta, los años en los que tomó las riendas de su vida y optó,
después de demasiadas vicisitudes, por el lado que todos decían que era el fácil
pero en el fondo sabía que la mayoría de la gente prefería ese lado pero eran
demasiado vagos o cobardes como para enfrentarse a él con garantías de
conseguir algo de provecho. Fueron los años en los que la madurez va llegando
en nubes de hedonismo y la vida se compone de todo el alcohol que uno se pueda
imaginar, bañado en olas de sexo, drogas y rocanrol; su alcohol fue el vino
espumoso y su droga la cocaína, su sexo fue con todos los hombres que pudo y
siempre le gustaron más los incomprendidos The Who que los aburridos Beatles y
los cínicos Stones.
(Capítulo: Los negocios y el amor)