5 de diciembre de 2018

Gracias


Cómo concluir esto, María... te vas del lugar donde nos conocimos y hemos compartido desayunos, comidas, secretos, unas pocas confesiones, muchas risas, algunos momentos serios, hemos discrepado en dónde ir a comer; y nos hemos emborrachado unas pocas veces juntos, y unos cuantos conciertos, y cenas, y algún que otro bailoteo (de esto poco, que ya sabes que la barra no se sujeta sola).

Y qué quieres que te diga, me da mucha pena que te vayas. Porque al final siempre estabas allí, con tu risa contagiosa y tu inacabable sonrisa, y tus ganas de escuchar, y tu capacidad para empatizar.

Nunca dejes de ser así, siempre sonriente, siempre risueña, enérgica hasta la extenuación. Espero que nunca desaparezca esa energía que nunca te falta, esas ganas de hacer cosas nuevas, de conocer gente, de viajar, de disfrutar de la vida; tu genuina solidaridad, tus ganas de aprender y de ser mejor cada día. Espero que, aquí, allí, o donde te lleve el futuro, sigas siendo así, que al verte veamos a una persona con ganas de morder el mundo y que nadie sea capaz de encontrarte silenciosa o triste.

Eres incansable, y a veces creo que también invencible. Tu fuerza y tu energía, esas son tus mayores virtudes, tus armas. Y con ellas serás capaz de hacer lo que te propongas.



Y quiero que sepas que tenerte como amiga en estos años me ha hecho mejor persona. A tu lado he aprendido muchas cosas, y con perspectiva, me doy cuenta que me has ayudado a madurar. Y te doy las gracias por ello.

Ya no nos veremos tan a menudo, pero ten en cuenta que, pase lo que pase, has sido importante para mí; han pasado suficientes cosas estos años como para considerarnos mucho más que conocidos, que compañeros, que colegas. Es difícil encontrar amigos. Y me alegro que seas mi amiga. Y no sabes cómo.
Te quiere,
D.