11 de abril de 2014

decíamos ayer...



¿por qué soy (x)? Porque una vez hice un blog, este blog. Y el blog desapareció pero mis gafas se quedaron en tuiter. Y treinta mil tuits después, allí siguen.

¿cómo me van las cosas? La verdad es que siendo objetivos, no me puedo quejar. Tengo un buen trabajo, un buen coche, pocos pero buenos amigos y creo que me he desprendido de toda la gente tóxica que había en mi entorno.

Hace cuatro años, cuando escribí mi última entrada, comenzaba a hacer papeles de trabajo como becario sin contrato y sin un duro de sueldo en una pequeña auditora de Burgos. Poco después volví al lugar donde me enseñaron qué es la banca. Conocí a una persona, L., una chica que parecía simpatiquísima aunque tenía un tono de voz rarísimo y la verdad es que el carácter era muy raro. En noviembre de 2010, después de todo eso, fui a un concierto de Interpol y empezó mi travesía en el desierto de ocho meses en los que comencé a estudiar una oposición a Hacienda y me aficioné a ir al gimnasio dos veces a la semana. 

En junio de 2011 fui a Madrid a trabajar por primera vez en mi vida. En la caja, claro está. Allí conocí gente de mucho tipo. Y allí, cuando terminaba mi contrato de dos meses, me llamó L., y me dijo que su hermana S., personaje que ha marcado mi vida en muchos sentidos, estaba montando una auditora. Y que necesitaba a una persona, y que pensó en mí. Once de septiembre de dos mil once, el primer día del resto de mi vida. 

Sí que es cierto que el currículum profesional y vital engordó, pero fue a costa de diez kilos de peso y un problema de ansiedad que tardé meses en eliminar por completo de mi sangre y cabeza. Una jornada de veintinueve horas me dio la pista, aunque no la quise ver. Siempre he sido una persona que ha ido encajando todo, y S., una mujer hecha a sí misma, me demostró que el encaje que soportaba mi cuerpo era algo así como infinito al cuadrado. Una mujer que no niego que ha currado mucho y que se hizo a sí misma. Soltera con cuarenta años, entiendo que porque no hay cristo vivo ni muerto que la aguante. Y machista, y fascista. La vida es lo que tiene, me imagino.

Después de un año, recuerdo agosto y septiembre de 2012. Mi último día, saliendo de un importante hotel del centro de Madrid después de auditar (en quiebra, por cierto) a las tres de la tarde, recogí mis cosas. Me sentí extrañado, y bastante vacío. En un mes me pasaron muchas cosas: primero fue la muerte de Paula en un accidente de tráfico, cosa que dejó impactado a todo el mundo en el barrio del que vengo. Luego me llamaron de una empresa para una entrevista de trabajo. Primero dije que no sabía, que tenía que mirar si podía ir. No tenía fuerzas ni ánimo para soportar un proceso de selección de una multinacional de servicios financieros. Mis padres me obligaron a ir. Y me llamaron para un martes, cuatro de septiembre, a las nueve de la mañana, con una calculadora, un bolígrafo y mi currículum. Y fui para allá, sabiendo que no iba a funcionar, y pensando solo en los dos días de vacaciones en Portugal que iba a perder por ir allí a perder una mañana. Vacaciones por primera vez en mi vida, y dos días que perdí. 

Las pruebas fueron un examen de inglés, un test psicotécnico, un examen de contabilidad y una entrevista con recursos humanos. Me dijeron que el examen de contabilidad les sorprendió mucho. Esa noche tomé un tren rumbo a Lisboa. A la mañana siguiente me llamaron cuando estaba en lo alto de la Torre de Belén. El lunes diez, un año después de empezar a trabajar en la empresa que casi acaba conmigo. Pasé la semana lleno de nervios y sabiendo que me podía meter en un gran lío. Y el lunes diez me metí en un gran lío. Una entrevista con un señor muy serio y otra en inglés con una chica muy simpática. Y vuelta a Burgos, a empezar con la mudanza. Y a currar en el bar de mis padres, como no podía ser de otra manera.

     El lunes diecisiete ya no tenía esperanzas que me llamaran. Era un día soleado, pero gris para mí. Y para mis padres también. Mi hermano era el único que mantenía la esperanza. El trabajo empezaba el uno de octubre, quince días y en el deadline. Por la mañana llamé a S., para que me preparara los papeles para pedir el paro para el miércoles, que iba a ir a Madrid a terminar la mudanza. A las cinco de la tarde llamé a mi amigo Roberto, y le dije que no me habían llamado y que esto ya estaba perdido. Por lo que dejaba el piso en Madrid que compartimos él, su hermano Marcos y yo. A las seis de la tarde la casa estaba en silencio, y yo estudiaba business english en un programa online que el Colegio de Economistas me ofreció a buen precio, pensando en que ya no merecía la pena pensar en lo que no se iba a obtener, y creyendo que ese puesto de trabajo era demasiado para mí. A las seis y treinta y siete minutos Led Zeppelin me despiertan de mi letargo, mi teléfono suena y yo lo cojo. "Buenas tardes, ¿David?" "Sí, soy yo" "Mira, me llamo (…), y te llamo del (…), en relación con el proceso de selección que has estado realizando estas semanas en Madrid." "Sí, dime." "Llamo para comunicarte que has pasado el proceso de selección" Del resto de la llamada solo recuerdo que el miércoles diecinueve quedamos a las cinco de la tarde para firmar las condiciones particulares del contrato. Luego recuerdo colgar el teléfono, con la voz cogida, y respirar unas cuantas veces. Ir al comedor, con los ojos llenos de lágrimas, ver a mis padres tumbados en el sofá, ambos me miraron. "Papá, mamá… que me han cogido." "¿qué te han cogido?" "¡En el banco! ¡me han cogido en el banco!" El miércoles diecinueve fui a por los papeles del paro al centro de negocios donde trabajé un año. Mi exjefa no estaba, y me dieron los papeles las chicas de recepción, una de ellas me preguntó qué tal todo. Una chica llamaba Paloma, la tengo en feisbu, aunque un día la invité a tomar algo y no me respondió, así que nada. Por la tarde firmé. Y tardé meses en perder el miedo a todo lo que venía después.
El año y medio que llevo en este lugar de trabajo ha estado genial. Por compañeros, por tipo de trabajo, por dinero. ¿el trabajo de mi vida? Nunca había estado tanto tiempo seguido en el mismo lugar, aunque creo que si este no es el trabajo de mi vida, cerca andará.

Sigo escribiendo. Mi última historia se llamó “Emma”, y ha tenido dos críticas. Una buena y otra demoledora. Las dos me han gustado mucho. Ahora estoy intentando escribir algo diferente, ambientado en cosas diferentes, otros personajes, para variar. Ya veremos qué sale.

Tengo un coche, un Seat León. Mola.

Sigo sin follar. Aunque eso no es que sea una sorpresa. Lo he intentado con algunas personas, pocas, no vamos a engañarnos. Pero entre calabazas y pasos adelante que nunca se dieron porque a veces parece que delante de uno todo son fosos cuando lo único que hay es otro cuerpo, seguimos igual. Y quién sabe cuándo cambiará. Imagino que algún día alguien me dará un empujón, o una chica tirará de mí y me hará ver que los fosos no existen, que son producto de imaginación y de mis atávicos miedos de los tiempos en los que solo tenía miedo y que todavía no he logrado quitarme de delante.

Me he quitado a mucha gente tóxica, especialmente a una persona que siempre pensé que me ayudaba pero me demostró, cuando pasé momentos muy duros hace unos meses, que si lo más importante para ella es su vagina más que los problemas de sus amigos, entonces no es una buena amiga. Lo siento, Reyes, pero tú no puedes formar parte de mi vida. Digo lo mismo de Marta, una chica encantada de conocerse. Hay algunas personas más, pero ya son secundarios en la comedia de serie zeta que es mi vida.

Poco más, la verdad. No prometo escribir mucho ni poco, solo prometo que escribiré lo que me venga en gana. Y al que no le guste, no es mi problema.