17 de enero de 2015

chascarrillos (1)


"B" entra por la puerta y dice buenas tardes. Llenas un vaso de tubo de hielo y un poco de coñac. Da igual. Luego llega "C", al que el médico ha prohibido beber alcohol; te guiña el ojo y esquilmas unas gotas del mismo coñac en su café solo con un sobre de sacarina. El siguiente es "G", el hombre que deja de fumar todos los días. El cortado que no falte, y el vegafina tampoco. Antes se le "olvidaba" pagar algún día, pero una vez le paraste los pies diciéndole "oye, te dejas las vueltas", y desde entonces te paga religiosamente. Aunque si puede, intenta sacarse otro vegafina de gratis. Cagondios, que son cuarenta céntimos de mierda y cobras mil trescientos de pensión, no me sera comemierdas.

La tarde es silenciosa y aburrida, y los sudokus de la hoja parroquial (aka Diario de Burgos) son absurdamente sencillos. El partido no interesa a nadie, aunque sea del Real Madrid. Y son ciento y pico pavos que hay que pagar al plus, el cual te mete publicidad siempre que puede, por cierto. Y los veintiseis euros mensuales de la sgae, los cuales sigo sin tener claro por qué hay que pagarlos. No pasa gente por la calle y únicamente entran los cinco o seis parroquianos habituales, los cuales se merecen ese calificativo de la forma más peyorativa posible.

Un café para una tarde, un mosto para media hora, una cerveza para un tiempo de un partido. Después de seis años subes el vino cinco céntimos y algunos clientes te montan una barricada, cuando llevan pagando esos cinco céntimos (y otros cinco más) en otros bares desde hace varios años. Diceiséis horas al día y seis días a la semana para cubrir costes (y no te creas que mucho más), y que me venga un gilipollas tocando los cojones por cinco céntimos. CINCO PUTOS CÉNTIMOS. Aunque claro, luego descubres que no se los da ni al cura cuando pasa el cepillo. Eso explica muchas cosas.

Partiendo la pana.

Ves pasar por la ventana a aquella chica de tu edad que no terminó la ESO porque comenzó a trabajar, primero en cadenas de comida rápida, después su padre la enchufó a la Campofrío (en la que no duró nada, por cierto) y poco después logró trabajo en otra cadena de producción hasta que la crisis empezó. Nunca me pareció una chica especialmente guapa, y su pelo habitualmente grasiento y sus comentarios impropios de una persona de veinte años con una vida por delante tampoco me resultaron especialmente atractivos.

Sobre esta chica... una vez alguien bromeaba con que hacía buena pareja con ella, y ella, con veinte años, me despreció, diciendo, delante de todos, que era poca cosa para ella. Dos años después comencé a trabajar en la caja y terminé la carrera, y ella encontró un novio más ancho que alto (¿recordáis a Pantuflo? Pues en versión gitano). Poco después ella rompió un brazo follando (sí, follando, así lo contó un día con un calimocho en la mano) y estaba de baja. En las fiestas de san pedro del año dos mil nueve, el día siguiente a la cabalgata de las peñas, esa chica, socia de la peña la Tarara, salía en primera plana, con el brazo escayolado, borracha y tocando el bombo de su peña. Ni el mejor detective del universo hubiera hecho un trabajo mejor.

Hoy en día la ves pasar por la ventana y me mira con su pelo grasiento, su cuerpo envejecido por la mala vida, su barriga cervecera y su cara arrugada fruto del exceso de alcohol, tabaco y a saber qué drogas más. Me mira, y quizá siga creyendo que soy poca cosa para ella. Y el rechazo nunca te gusta, da igual la edad que tengas. Pero la verdad es que piensas en la suerte que tuve que fuese poca cosa para ella, y que quizá lo siga siendo

"A", su padre, ha sido la única persona, en los más de catorce años que he estado tras la barra, que ha sido capaz de comerse media liebre de una sentada. En los sanpedros. Después de comerse una barra de pan de bocadillo en los toros acompañada de una bota llena de vino tinto. Y después de tomar un aperitivo a medianoche de una docena de mejillones. Ese hombre, al que mis padres guardaban cierto afecto personal (sin relación con el negocio) y al que, una de esas veces en las que sus famosas digestiones se le fue de las manos y casi se va al otro barrio, fueron a visitarle y a interesarse por su salud. Ese hombre dejó de ir al bar, ofendidísimo porque mi padre no le compró una papeleta para un sorteo porque éste ya se la había comprado a otro de la peña. Forma parte de esos personajes a los que cualquier día meteré en una novela. Esa gente que no es agradecida y que no es capaz siquiera de darte el pésame cuando se muere un familiar cercano. Esa gente.

Hay que reconocer que esta familia es más de sombra de de sol. Y no me refiero al lugar de la plaza de toros en la que les gusta sentarse, precisamente.


Puños fuera.

"A.A." es un hijoputa de los peores. Entiéndase hijoputa como un tío que, en los años setenta, cuando el Burgos (el auténtico, no el invento del coletas) jugaba en primera y segunda división con un tal Juanito en las alineaciones, iba con la cuadrilla de mi padre a ver los partidos al vetusto Plantío y una vez agarró del cuello a un aficionado rival con el que discutía y lo empujó contra una pared. El fenómeno ultra no es de nuestros días, por mucho que insistan. Levantó el puño y lo lanzó con toda fuerza contra la cara del hombre, el cual, afortunadamente, estaba lo suficientemente sobrio como para apartar la cabeza y lograr que se rompiera la mano contra el cemento. Hay que ser animal para lanzar un puñetazo así, por otra parte.

Nunca he visto un broncas semejante. Viudo desde muy joven, su mujer se murió teniendo unos cuarenta años, se le ve de bar en bar. Dicen que hay muy pocos como él en tema de reparaciones, aunque parece ser que nadie le quiere contratar desde hace años. Imagino que por algo será. No voy a decir que me alegro por sus desgracias, aunque la verdad es que ese hombre, hooligan del Real Madrid hasta la nausea, ha habido muy pocas personas con las que no haya tenido un conflicto verbal. Y con algunos parece que hasta ha llegado a las manos, aunque por fortuna eso nunca lo hemos llegado a ver. Aparte de hooligan del Real Madrid (y mourinhista convencido, como buen hooligan), su aversión hacia todo lo que huela a azulgrana le provoca tales colapsos que no sería la milésima vez que deseara que el avión en el que viajara el Barcelona se estrellara con todos dentro. Y a ser posible que se quemara toda Barcelona. O toda Cataluña, ya puestos.

A este elemento no se si lo metería en un zoo o directamente en la cárcel. Porque cuando llegan las ocho de la tarde, y llega, después de estar todo el día de bar en bar, bebiendo vinos  sin parar, ve un partido de fútbol y le da igual quién juegue; si tiene una camiseta blanca, o de color claro, ya tiene un equipo al que seguir. Una vez recuerdo que al equipo culé le dio por llevar una camiseta clara (¿amarilla, quizá?) y se hizo un poco de lío. No le dijimos nada y cuando se fue las risas fueron bastante groseras. Pero bueno, reírse de esta gente no es mal. Nadie se extraña que siempre vaya solo a todas partes. Hasta al puticlub. Aunque a esos sitios siempre es mejor ir solo.

Lo más gracioso es que cuando hay elecciones te le encuentras como interventor del PSOE. Me daría miedo si yo fuera presidente de mesa electoral y le tuviera cerca. Porque creedme que a ese elemento un policía no es capaz de sacarle sin utilizar las esposas. Y no es que sea especialmente grande, o fuerte, pero tiene más violencia en la sangre que sangre de las venas. Va de progresista pero todos maricones menos él y no es racista sino ordenado (ya lo sé, ya..)


Y ahora, el cigarrito de después.


(Nota: no pongo nombres propios porque nunca se sabe quién puede leer esto... y como hoy en día parece que no gustan las verdades, es mejor callar de momento)