21 de diciembre de 2015

dos mil quince



El año en que aquello que llevaba tanto tiempo esperando se hizo real. Donde los obstáculos cambiaron de nombre y de forma de pasarlos por delante. Los miedos a las noches desaparecieron y la persiana se cerró para siempre un diecinueve de abril. Sí, hay algo más allá, y todavía apenas he empezado a descubrirlo; me queda demasiado por aprender y todavía tengo demasiado tiempo que recuperar.

El año que llegaron las nuevas generaciones, primero un enorme niño que ya comienza a hacer trastadas allá por donde va, y poco después una niña prematura que desde el primer día ha decidido que va a ser de las que van a dar guerra.

El año que la Ju se nos casó. Las fiestas de la Ju, si no has estado en una de esas no has estado en una fiesta...

El año que dije que no. Y que luego decidí que no podía ser siempre el que dijese que no, ni deseaba seguir así ni quería seguir buscando excusas. En fin... como bien he dicho, todavía me queda demasiado por aprender.

El año que terminé emborrachándome como solo sabe hacerlo un quinceañero: a lo loco. Vamos a comenzar a recuperar el tiempo perdido con alcohol. Y con skap.


No tengo grandes deseos para dos mil dieciséis. Solo espero no cometer los mismos fallos de dos mil quince, y que los pocos aciertos que tuve no se conviertan en errores.

Y que mi jefe no me toque tanto los cojones, aunque eso no depende de mí.

Feliz dos mil dieciséis.