Alguien me escribió una vez que soy un soñador empedernido.... Qué suerte cuando hay gente que lo hace fácil
13 de marzo de 2016
El paseo
Recuerda la noche cuando ella le dio la mano por primera vez, después de una de tantas fiestas de jueves que se alargaban hasta casi el amanecer.
Salían del último bar y él decidió volver a casa, borracho y agotado después de tantas horas bebiendo, fumando y riendo. Ella se acercó a él, Me vuelvo yo también, y él, asintiendo, esperó hasta que ella sacó su abrigo y su bolso. Al salir del bar encendió un cigarrillo y, después de una calada, se lo dio a él, encendiendo ella otro.
Caminaron en silencio varios minutos, la temperatura era fría, aunque el sol de la primera hora de la mañana comenzaba a asomar y les daba en la cara. En ese momento, cuando pararon ante un semáforo en rojo, ella tiró el cigarrillo al suelo y le dio la mano. Él hizo amago de apartarla, pero el alcohol le dejó entrever lo que estaba sucediendo, y le respondió con un suave apretón. Ella empezó a hablar, casi en tono indiferente, de asignaturas, de profesores, de exámenes; él únicamente era capaz de escuchar palabras sueltas, sentía la fría mano contra la suya, su cuerpo entrando en calor y su corazón enloquecido, intentando entender qué iba a suceder a continuación.
Después de un rato en el que ella habló y habló sin cesar y él únicamente asentía con monosílabos, sin prestar realmente atención a sus palabras y notando la mano de la chica apretando la suya cada vez con más fuerza, le señaló un portal, Vivo allí, le dijo, y él asintió. Ella le soltó la mano y, con una sonrisa, le dio un beso en la mejilla y un abrazo. El olor a alcohol y a perfume se mezclaron, haciéndole sentir mareado, y, cuando ella se acercó a aquél portal, después de un movimiento con su mano derecha, él se quedó quieto, viendo cómo desaparecía a través del portal.
A la tarde siguiente, en clase, ella no apareció.
(Mis archivos)