18 de marzo de 2016

La búsqueda


Ella no volvió a aparecer por clase nunca más. Él miró, día sí, día también, al rincón del fondo del aula donde ella se sentaba y tomaba apuntes, silenciosa, junto a sus dos amigas. Pero sus amigas, que permanecían allí, únicamente tomaban apuntes, y ella seguía sin aparecer.


Un día se acercó y las preguntó, recibiendo únicamente a cambio una mirada condescendiente y el silencio por respuesta. Volvió a su asiento, sacó los apuntes y comenzó a leer la lección, fingiendo indiferencia pero con las entrañas a fuego por la falta de noticias de aquella chica que le dio la mano y, con un simple beso en la mejilla, le hizo perder la cabeza.

Una mañana, días después, logró encontrar el portal donde la vio desaparecer aquél jueves por la noche, y fingiendo ser el cartero se coló en el descansillo, y buscó desesperadamente y sin éxito, entre los buzones, el nombre o el apellido de la chica que no se podía quitar de la cabeza, hasta que escuchó unos pasos y salió a toda prisa del portal, corriendo lo más lejos posible.

Ella terminó de bajar las escaleras, con sus gafas de moda y sus ojeras a cuestas, y vio cómo una sombra salía a toda prisa, dejando la puerta del portal abierta. Se acercó, mirando a ambos lados sin ver a nadie y cerrando la puerta tras de sí, acercándose al anónimo buzón del cuarto efe y sacó varios folletos de supermercados y pizzerías.