Según Google Docs, lo escribí en agosto de dos mil nueve. No puedo recordar el motivo de escribir esto, pero desde luego que ese día estaba inspirado.
amor… ¿Qué es el amor?
No tengo mucha idea de
esas cosas, pero creo que el amor existe. Y si no existe, la campaña de
marketing que se realizó en su momento por no sé que ente desconocido pero
omnipotente les salió jodidamente bien.
Pero no podemos
desconcentrarnos y olvidar el tema principal, no podemos olvidar en qué
consiste lo principal del asunto que nos trata a continuación y que nos enerva,
nos hace perder el juicio y nos pone un pelín nerviosos, como si hubiéramos
tomado una litrona de café y después hubiéramos oído el último disco de Guns
and Roses, vamos, que estamos un poco con ganas de matar al primero que se
nos ponga por delante.
Según parece la situación
es crítica, o por lo menos algo complicada, pero lo peor ya ha pasado. Por lo
tanto, es cuestión de pensar en el futuro y no en el pasado, que aunque no
podamos negarlo, siempre será mejor dejarlo archivado que tenerlo siempre a la
vista.
Pero no olvidemos al señor
Lobo, vamos, no comencemos a comernos las pollas todavía, que todavía
queda mucho por hacer y aún no hemos comenzado tan siquiera a limpiar las
manchas de sangre del coche del jefe.
Por lo tanto, vayamos por
partes, que el tiempo pasa volando, podríamos, por ejemplo, comenzar cenando, o
tomando unos cacharros, como se dice habitualmente en Burgos, sí, un
cacharro es todo eso que se puede beber, seguramente excluyamos algunas cosas
que no podría escribir por saltar todos los códigos de la convivencia pacífica
humana, pero pongamos como base un pacharán con hielo, que (casi) siempre sabe
bien, después de un cacharro viene otro, luego otro, la liamos cuando comienzan
las cervezas, luego los cubatas, y acabamos a las siete de las mañana en un
kebap comiendo dios-sabe-qué con las bragas de alguien en la cabeza y un
número de teléfono que no nos atrevemos ni a mirar escrito a pintalabios rojo
pasión en el brazo izquierdo, mientras hemos perdido un zapato, nos han
manchado la cazadora y no tenemos bufanda, y en la calle, donde hay cinco
grados bajo cero y de la helada que hay hasta la estatua de El Cid parece mucho
más joven, los concursos de patinaje bajo hielo y sobre alcohol han alcanzado
la categoría de olímpica.
Visto así, no termino de
comprender por qué Noche de Fiesta fracasó.
Podríamos hablar de cine,
o de libros, pero la verdad es que no me apetece. Casi que prefiero, si te
parece bien, invitarte a cenar. Bueno, si te apetece, claro. Date cuenta que
soy buena gente.
Espera un momento, que
miro mi agenda, bueno… joder, pues parece que estoy un poco liado, pero podemos
hacer un hueco el día catorce del corriente (uséase, agosto, el mes donde el
sol pega y las playas se llenan de niños chillones y abuelas en top-less, yo he
sido siempre más de vacaciones en invierno por algo, supongo que me
entenderás), sí, confirmado, el catorce de agosto por la noche. Ya te
diré lugar y hora exacta.
Seguiremos en contacto.