22 de febrero de 2016

Tu mirá


Cuando la vio quitarse aquellas horribles gafas de moda pudo advertir al fin sus ojos. Unos ojos pequeños, de color marrón claro, ojerosos y vivos, que miraban con curiosidad y seguían fijamente cualquier cosa que le pudiera llamar la atención.

Tenía el pelo oscuro, con unas discretas pero atractivas mechas claras, que apartaba con gesto concentrado cuando se mordía el labio inferior, intentando descifrar lo que parecía un gran misterio. Él, habitualmente concentrado entre sus ecuaciones y sus apuntes, levantaba la vista y quedaba abstraído por sus gestos, por su profunda mirada que le desarmaba totalmente sin saber cómo era posible.

Cuando ella, después de un rato mirando su misterio, escondía sus dientes y miraba al frente, con sus dudas y sus secretos al fin resueltos, se ponía las gafas e invariablemente le encontraba, mirándola en silencio; entonces, con gesto avergonzado, ocultaba su mirada hacia sus apuntes. Y ella sonreía, como cada vez que le pillaba. Y volvía a sus secretos, sabiendo que, tarde o temprano, él olvidaría sus ecuaciones y sus apuntes y volvería a mirarla.

(Mis archivos, fecha desconocida)