3 de febrero de 2016

RX


En mi trabajo nos evalúan anualmente, de forma subjetiva, claro está. En la empresa en la que trabajo no pertenezco a una unidad de negocio ni de soporte, sino a una unidad de control, lo que llaman línea de defensa. Por lo tanto, no somos un área de ingresos sino de gastos (y nuestras actuaciones suelen provocar que las unidades a las que controlamos se gasten mucho dinero). Con un símil, se podría decir que somos los leprosos de nuestra empresa, y ni eso, porque a los leprosos al menos les quería Jesús (aunque bueno, más que quererles les curaba, pero no es momento de debates teológicos).

Nuestra evaluación subjetiva consiste en valorar nuestras habilidades y capacidades del 1 al 5, respectivamente la peor y la mejor del rango. Como cualquier gran empresa, vive y muere por normalizar estas cosas, por lo que todo se normaliza dentro de las santas putas campanas de gauss. Por lo tanto, descartamos las puntas, y el 1 (peor opción) y el 5 (mejor opción) se desechan. Quedan tres posibles opciones, de las cuales entendemos que la mayoría tendrá un 3 ("aprobado" o "cumple totalmente"), y habrá un número similar de doses (suspensos) y de cuatros (destacados). 

La primera derivada está clara, ahora viene la segunda: por motivos internos, se ha decidido hacer coja la campana, por lo que el 2 se minimiza, intentando que el mayor número posible de empleados, por no decir todos, esté en el 3, y algunos en el 4. 

Pues bien, tengo un 5. Como ha dicho mi jefe: "en todos los años que llevo trabajando aquí es la primera vez que veo esta calificación". Llego a las siguientes conclusiones:
  • He tenido un año bastante duro, aunque haya habido buenos momentos (una alegría en septiembre, la cual no por esperada fue menos agradable). Pero esta calificación significa que hago las cosas bien, y no solo bien, que trabajo duro e intento que las cosas salgan como deben salir. 
  • Es la calificación más alta de los 135 empleados que componemos el área a la que pertenezco, y he sido el único que la ha obtenido. Y posiblemente sea el único que la haya obtenido en los últimos años.
  • Se podría pensar que esto supone más presión para mí, pero la verdad es que no. Únicamente hago mi trabajo lo mejor que puedo, sin rendirme e intentando aportar en todo lo que esté en mi mano (y a veces incluso en lo que no está en mi mano).
  • Hay que ser discreto. Tener un 3 es lo normal, tener un 4 es razonable. Tener un 5, por lo excepcional y extraordinario que es (es que es JODIDAMENTE EXTRAORDINARIO, HOSTIA PUTA), no es tan razonable. Esto me va a generar problemas, estoy convencido. Y quizá algún enemigo que esperará agazapado a que cometa algún error para atacar sin piedad. Tendré que ser impecable.
Estas cosas, aun con mil reservas, me ayudan a recuperar un poco la esperanza en que los méritos a veces valen más que los apellidos.

Prometo seguir luchando para que el año que viene pueda tener al menos otro 4 (sobre todo porque esperar dos 5 consecutivos entra más en las categorías de la ciencia ficción).