Esta entrada ha sido publicada originalmente en O'Beer Wan, el vloj en el que los colegas vamos a intentar hablar del mundo de la cerveza, o por lo menos en eso hemos quedado. https://obeerwan.wordpress.com/
Aquí David.
Esto es un blog de cervezas, ya habrá
tiempo para presentaciones detalladas y todo eso. Pero lo que no puede
ser no puede ser, y hay que decir bien claro qué no es una cerveza. No
hablo de Cruzcampo, ya que eso, pese a quien pese, es una cerveza, y
además la más vendida de este santo país (joder, qué país).
Como dijo alguien en algún momento,
vayamos por partes e identifiquemos tres casos de cosas que se llaman
cerveza pero no lo son y nunca lo serán:
Joder, que hoy en día encontramos una
variedad de cervezas con aromas y sabores realmente estupenda. Por citar
alguna, tenemos los aromas intensos de muchas stout (café, chocolate)
o los toques ácidos de frutos del bosque de centenarias cervezas de
abadía, por no hablar del curioso toque dulce a miel de la Barbar. Para
gustos los colores.
No entiendo a qué viene la puta mierda de
las shandys con sabores raros. Para empezar, en España siempre se ha
llamado caña con limón o clara con limón, aunque poco a poco Heineken (a
través de Cruzcampo) y Mixta (por obra y gracia de Mahou) estén
consiguiendo que mucha gente las pida por ese nombre en los bares…
cierto es, no obstante, que si no hay una beben la otra, y si no hay
ninguna de las dos, tomas una caña con limón, que para el caso refresca
más y de barril está más rica, qué cojones.
Y después, que el señor Carrefour se ha
puesto imaginativo y ha decidido que ya puestos a reciclar el agua de
fregar, hacemos una shandy con sabor granadina:
Admitámoslo, el universo lo estaba pidiendo
Actualización suicida: Mahou Mixta Revolución. Perdón, REVOLUXION.
Cerveza aromatizada con Ron, Guaraná y Menta. Que alguien me acerque
una pistola. Ahora. Y rápido. Por cierto, el exceso de equis en la
página de Mixta resulta pelín empalagoxo.
Mis padres no me prepararon para esto
Dos: cosas de marketing mercadotecnia excesivamente imaginativas;
El Aquarius
es una bebida de naturaleza isotónica ideada para deportistas que llegó
a España para los juegos olímpicos del noventa y dos, y de repente lo
comenzaron a beber señoras en los bares en lugar del Bitter Kas
(verídico). Aquarius se ha caracterizado por venderse en latas de
diferentes colores y un sabor extrañamente parecido a polvos tang sabores.
Un día el Señor San Miguel se levantó
creativo y dijo: “eh, a la gente le gusta la cerveza mucho, y la gente
ama el Aquarius”. Sacaron el Quimicefa, mezclaron una lata de San Miguel
0,0 y una lata de Aquarius sabor original (sí, esa que no sabe a ná
pero refresca, parecido al SevenUp). Y crearon una cerveza sin alcohol y
con minerales. Todo en orden, y el psiquiatra de este señor imagino que
guardando las tijeras en un cajón con tres cerrojos, por si las moscas.
Yo no sé qué opinarán en Bélgica o Alemania de esto, pero como un día se enteren a lo mejor nos echan de la Unión Europea del tirón. Y no les culparía. Pero nada.
Actualización depresiva: la madre del cordero, Erdinger tiene una cerveza sin alcohol con propiedades isotónicas y baja en calorías. ¿Qué clase de mundo vamos a dejar a nuestros hijos?
Huye, por tu vida, HUYE
Mira que hay cervezas sin alcohol buenas.
La Estrella Galicia está bien buena (de barril sobre todo) y la Ambar
no le va a la zaga. Incluso la Mahou Sin, bien fría y de barril, tiene
un pase si tienes bastante sed (aquél día la tenía, creedme). La cerveza
sin alcohol siempre ha sido minoritaria, muy enfocada a conductores y
otras personas que no podían o debían beber alcohol por lo
que fuese, como los que estaban tomando antibióticos (pero luego se
pasaban al pacharán, y no miro a nadie).
Pero llegó el día que San Miguel reventó
el mercado, y mucho antes que se pusieran a jugar a las cocinitas
mezclando cerveza y Aquarius. Recuerdo al repartidor de Burgodist, el
distribuidor de San Miguel en Burgos por aquellos años, regalándole a mi
padre un par de cajas de este invento del demonio, para probarlas, a
ver qué pasaba. Y aquella semana vendimos las dos cajas. Y más porque no
había. La San Miguel 0,0 Manzana. Y joder, qué cosa
más rara, que olía a cerveza pero sabía a zumo de manzana que flipabas,
pero no tenías claro por qué se habían inventado semejante engendro, no
cuadraba. Pero las señoras dejaron de lado los Aquarius, los Bitter Kas y
las Cocacolas light incluso, y todas se pasaron a la cerveza.
Faltan la Naramango y la Melocotouva. Y no es broma.
Aunque pareció una moda, duró bastante
tiempo y la verdad es que dejó mucho dinero, pese a cobrarla más cara
que el resto de cervezas San Miguel los primeros tiempos. Todos teníamos
que vivir, y peor era meterse a político o policía.
El problema gordo llega ahora. Tenemos a
Buckler, la cerveza sin alcohol de toda la vida. Recuerdo perfectamente
que hace años era una cerveza “sin”, no cerveza 0,0. La diferencia era
que tendría sobre el 1% de alcohol. Y la única competencia a nivel
mercado masivo era Laiker (la sin de Mahou, imposible de olvidar), y
según parece, mucho peor, y mira que parece complicado. Recordemos que
hasta que llegó la San Miguel 0,0, la primera sin nada de alcohol, esta
modalidad de cerveza existía porque tenía que haber de todo.
Un día , imagino que no hace mucho,
Buckler (de Amstel, ahora Heineken) decidió que tenían que reventar el
mercado ante los maravillosos sabores y colores de San Miguel 0,0%. Y
sacaron esto:
Es lo que parece. Por desgracia.
Esa es mi mano y estoy en mi cocina. Y me
he intentado beber esa cerveza en un vaso de cristal gordo que se usan
para beber cerveza negra. Y no he sido capaz. Por dios, por alá, por
monesvol. Nunca bebáis ese intento… esa cosa… eso. Esto no es
una cerveza. Cuando encuentre un calificativo os lo diré. Pero huid de
ella como de la peste, por favor. No os dejéis engañar por el olor una
vez la abráis y deis el primer sorbo, es una cerveza artificial y
pegajosa, no tiene nada de cuerpo y demuestra que las cervezas negras
requieren algo más que un poco de química para que la espuma aguante y
el olor y el color correspondan con lo que te esperas de este producto.
Hay muchas más cosas que nos venden como
cerveza y no lo son, pero estas son las tres que he visto en una tarde
yendo al carrefour a por unas birras para llenar la nevera. Ahora toca
lavarse bien la boca con lejía para quitarse el sabor de todo esto, y
cuando estés listo y quieras tomarte una cerveza normal, pídete una
Estrella Galicia, y si no tienen, una Damm.
Saludos sin papilas gustativas de parte de David.